LOS SENDEROS DERECHO E IZQUIERDO
DION FORTUNE
La distinción entre el Ocultismo Blanco y el Negro no es fácil de delinear,
como cualquier persona poco experimentada pudiera creer. Con objeto de
comprenderlo, sería necesario definir el concepto esotérico del Mal. Si comparamos las enseñanzas del antiguo con las del
Nuevo Testamento, encontraremos que bajo la antigua Dispensación, la vida
estaba reglamentada minuciosamente, con innumerables detalles, que le indicaban
al ser humano lo que tenía que hacer en todas las circunstancias. Estas
reglamentaciones, por lo detalladas y precisas, carecían de elasticidad, y
conforme fueron cambiando las condiciones sociales, fueron haciéndose inaplicables.
No daban explicaciones concernientes a muchos asuntos que necesitan ser
reglamentados, mientras que las leyes anticuadas mantenían restricciones
molestas e innecesarias. Para la interpretación y aplicación de la Ley Mosaica
surgieron verdaderos ejércitos de escribas y comentadores, los cuales, mediante
el ejercicio de un gran y sutil ingenio y estirando mucho el significado de las
palabras, las convirtieron en un sistema más o menos practicable. Sin embargo,
cuando vino Jesús dijo: "He aquí que un nuevo mandamiento os doy", y
en un par de docenas de palabras nos dio los principios que constituyen la ley
y los profetas.
"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y Con toda tu alma y con
toda tu mente y con toda tu fortaleza... y a tu prójimo como a ti mismo".
Este es un mandamiento tan sencillo que toda la sofistería del mundo no puede
eludir y que puede servir de guía en todas las circunstancias imaginables. Es
como la vara de medir universal, la cual aplicada en cualquier plano en que
estemos operando, dará siempre la justa medida. Podemos aplicarla en nuestras
relaciones con los elementales, lo mismo que con los seres humanos, con las más
elevadas inteligencias y con los espíritus más malignos y degradados. Es una
regla de conducta que jamás falla. Al estimar las condiciones externas
necesitamos, sin embargo, una guía mayor y aquí es donde resulta imposible
aplicar una regla "Standard". Una cosa que puede ser justa en ciertas
circunstancias, puede ser errónea en otras. Una cosa buena para una persona
puede ser mala para otra. No hay ningún código levítico que pueda aplicarse a
la infinita variedad de las pruebas que se presentan en el Sendero. El iniciado
toma como norma, no una medida ética, sino de movimiento y dirección. El
iniciado mide todas las cosas contraía corriente de la Evolución. En presencia
de un acto o de un conjunto de circunstancias se pregunta: ¿Se mueve en la
misma dirección que la Evolución y es su marcha más rápida o lenta que la
marcha normal?. Y entonces juzgará la justicia o el error relativos según sea
la contestación a estas dos preguntas.
Por ejemplo: puede considerarla obra y las enseñanzas de alguna secta fanática
y exclusiva, preguntándose: ¿Puedo condenar a estas gentes que evidentemente
están tan llenas de buenas intenciones?. Y si viera que obscurecen el espíritu
humano y le impiden alcanzar la plena estatura de la madurez que normalmente
debería alcanzar, juzgaría que esa secta se está moviendo más lentamente que el
curso normal de la Evolución, aunque yendo en la misma dirección, y por lo
tanto su existencia no beneficiaría ni al hombre ni a Dios.
O si no, podría estudiar alguna doctrina heterodoxa sobre moralidad y,
queriendo descubrir su tren general, contemplado a la luz de la biología,
podría descubrir que se trataba de una desviación de la línea de donde procede
la vida. Entonces podría declarar que, aunque está marchando a una velocidad
mayor y produciendo cambios más rápidos que lo que se consigue con la lenta
mejoría y evolución de la conciencia humana, sin embargo no se dirige hacia la
meta de la Unión Divina, sino que va divergiendo cada vez más, en un ángulo
mayor o menor, de la senda normal del avance evolutivo, según la línea
determinada por la prolongación de aquella que ha seguido hasta ahora la raza.
Entonces tendría que condenar esa doctrina por no estar en línea con la
Evolución.
Finalmente, también podría encontrar que existen normas distintas en las
sociedades y entre los individuos de distinto desarrollo. Si tuviera que
juzgarlos con justicia, tendría que tomar en consideración el punto de la
escala evolutiva en que se encuentren, porque los mismos principios tienen que
aplicarse diferentemente en los distintos estados de desenvolvimiento, aunque
los principios mismos permanecen siempre inmutables. Por ejemplo, todo hombre
primitivo tiene que ser guerrero y cazador, si tiene que cumplir sus deberes
con la sociedad de que forma parte, pero si esos impulsos predatorios persisten
en la sociedad civilizada, entonces conducen al crimen. Es un caso del
conocimiento público que muchos criminales habituales se distinguieron
notablemente en la guerra, así como el gran descenso en la criminalidad que se
produjo mientras quedó abierta la salida para los impulsos aventureros de la
raza. El criminal de profesión no es, absolutamente, un hombre de mal
temperamento y pésimas disposiciones en todos los momentos de su vida, y a
veces puede demostrar virtudes heroicas. Muy a menudo no es más que una persona
que no puede adaptarse a la civilización moderna y que se rebela abiertamente
contra las constricciones de la vida contemporánea. Si hubiera sido un
habitante de una colonia fronteriza, quizás se hubiera destacado y obtenido
buenas distinciones. Es malo porque vive fuera de su tiempo.
Es un atávico; un ser humano que necesita condiciones más primitivas.
Estos principios nos ponen en condiciones de estimar debidamente lo que son los
Senderos Blanco y Negro. El Sendero de la Derecha o Blanco es aquel que
prolonga la línea de la Evolución y conduce por la vía más directa posible a la
meta final: es la ruta más corta entre la etapa a que ha llegado el hombre
cuando siente la llamada y la Unión Divina. Se verá, por consiguiente, que no
es posible determinar un sistema o senda absolutamente verdadera, por el cual
todo ser humano debe marchar, porque "los caminos de Dios son tan
numerosos como los resuellos de los hijos de los hombres". Es la rectitud
o derechura, o lo opuesto a ella, lo que cuenta.
Y por otro lado, con respecto al Ocultismo Negro es imposible calificar
cualquier operación de una vez por todas como decididamente blanca o
decididamente negra. Todo lo que puede decirse es que unas veces puede ser
blanca y otras negra. Se dice que la suciedad consiste en una substancia mal
colocada, y de la misma manera el Mal puede definirse como una fuerza mal
aplicada. La Energía puede estar mal aplicada tanto en el tiempo como en el
espacio. Una cosa puede ser justa en un momento y errónea en otro. El Ocultismo
Negro puede, pues, ser definido como Fuerza extraviada o mal aplicada o como
métodos fuera de su tiempo y lugar.
La cuestión de los métodos iniciatorios fuera de tiempo, ya han sido tratados
en otro capítulo; pero tenemos que ocupamos nuevamente del asunto, desde el
punto de vista de la educación y preparación que se da al aspirante en la
Escuela Oculta. El aspirante se imagina que se encuentra en el punto más bajo
de una elipse, cuyo punto más elevado es Dios. A su izquierda está la senda que
ha recorrido en su descenso hacia la materia; a su derecha se extiende el
sendero por el cual retomará al Espíritu. Si se da vuelta y se pone a recorrer
de nuevo el camino por donde vino, se encontrará recomendó el Sendero de la
Izquierda, mientras que si se adelanta por la senda que la Evolución recorrerá
ultérrimamente, se encontrará en el Sendero de la Derecha.
Por cualquiera de los dos caminos puede ascender hacia los diversos planos; y
si ha logrado el dominio de un plano siguiendo el Sendero de la Derecha, será
dueño de sus dos aspectos: el primitivo y el ya evolucionado. Sin embargo,
tendrá que tener sumo cuidado para que cada aspecto se mantenga en su debido
lugar; pero ninguno de ellos le quedará prohibido.
Un ejemplo aclarará debidamente este punto. Supongamos que una persona sin
haber recibido la iniciación tratara de penetrar en la conciencia superior con
la ayuda de alguna droga. Su acción sería la de mantener en suspenso las
facultades superiores de lamente, permitiendo así que se manifiesten los
poderes primitivos de la percepción psíquica directa, los que pueden operar sin
restricción alguna. Entonces penetraría ciertamente en el Plano Astral; pero se
encontraría en su Limbo o Purgatorio. Pero si se le abren sus sentidos astrales
mediante los verdaderos métodos iniciatorios de desenvolvimiento y expansión de
la conciencia, también obtendría acceso al Mundo Astral; pero en otras esferas
del mismo.
Sin embargo, una vez que ha logrado penetrar en esa esfera plenamente, y la
haya dominado de manera que pueda moverse conscientemente con toda libertad
allí, descubrirá que puede igualmente penetrar en sus infiernos. Sin-embargo,
nunca utilizará este poder como no sea con el objeto de "predicar a los
espíritus que se encuentran en la prisión".
Los métodos para penetrar en los infiernos pueden ser utilizados tanto por el
Mago Negro que desea obtener control sobre los espíritus y emplearlos para sus
propios fines malignos, como también por el Ocultista blanco que desee redimir
a algún alma que haya caído en uno de esos infiernos. Por consiguiente, tampoco
puede decirse que tal o cual fórmula sea definitivamente mala y no deba usarse
jamás.
La Magia Negra se ocupa sobre todo en la evocación de espíritus malignos; pero
el Mago Blanco puede utilizar la misma fórmula para evocar al mismo espíritu y
obligarlo a soltar a su víctima. Todo exorcismo tiene que ser precedido por una
evocación, pues no puede eliminarse a un espíritu que no esté presente. Este es
el motivo de que muchas tentativas de exorcismo fracasen o sean apenas
temporales en sus efectos: es porque el operador no ha tenido el valor
necesario para realizar la evocación. Nadie debe esperar que una persona pueda
actuar fuera de los límites de su grado o tratar de emplear poderes que no le
hayan sido conferidos, y todo ocultista verdadero reconoce sus limitaciones y las
observa estrictamente. Sin embargo, si se emplea la magia ritual, tiene que
hacerse todo estrictamente, o si no es peor que nulo. No es que sea mala en sí
misma; pero puede fácilmente convertirse en mala en manos inexpertas, porque
las fuerzas evocadas pueden desbocarse y librarse de todo control. No hay duda
alguna de que la Evolución ha alcanzado ya una etapa en que la forma comienza a
ser abandonada, "porque conforme nos elevamos desaparecen los
símbolos". El límite legítimo de la Magia ceremonial actualmente es muy
limitado. Puede emplearse legítimamente para tratar ciertas patologías ocultas,
especialmente aquellas que provienen de las hechicerías del pasado; pero jamás
debe jugarse con estas cosas por pura experimentación. Sin embargo, el neófito
necesita tener el conocimiento de su "modus operandi" y de sus
principios, cuando está apunto de desarrollar sus poderes psíquicos, de la
misma manera que es conveniente que el que sale a pasear en un bote sepa
también nadar. El estudiante puede muy bien estar trabajando en una forma de
desenvolvimiento espiritual que no necesite absolutamente el empleo de la magia
ritual, pero si ocurriera un accidente, puesto que la iniciación no lo hace
invulnerable, puede verse precipitado en la esfera donde opera la magia ritual,
y entonces ésta es la única que lo puede sacar del laberinto en que haya caído.
Los poderes ocultos deben considerarse como una lámpara para mostrar el camino
al aspirante, pero de ninguna manera como el faro que marca el destino
definitivo al que tiene que dirigirse. Esos poderes podrán guiarlo salvamente
por los vericuetos inexplorados de la mente humana, y sin semejante guía quizás
podría extraviarse. Pero si se desvía a un costado y se construye para sí una
casa en el Reino del Ocultismo, entonces se habrá salido del Sendero. Su meta
se encuentra en las alturas espirituales, no en las inmensas malezas de
lamente; pero como a fuerza tiene que atravesar éstas, necesita el
correspondiente equipo para esa jornada.

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