CABALLERIA
Texto inédito de Pierre Dujols du Valois
El siguiente texto es la traducción corregida del manuscrito nº 5491 de
De Pierre Dujols se ha hecho uno
de los posibles candidatos a la autoría de las obras firmadas con el seudónimo
de Fulcanelli. En cualquier caso, creemos que resulta evidente las
diferencias de estilo y de contenido entre el presente documento y "El
Misterio de las Catedrales" o "Las Moradas Filosofales".
Las opiniones vertidas por Dujols en este
trabajo son discutibles en más de un punto pero sustancialmente correctas y sin
duda bien documentadas. Comparense con nuestras propias conclusiones en
"
CABALLERIA
La historia solo ha contemplado la caballería
como una orden militar destinada a librar combates, demostrando no haber
comprendido más que su forma exterior, esto es, el cuerpo físico de la
institución. En realidad,
El espíritu estaba constituido por un areópago de
altos iniciados, sacerdotes-filósofos herederos de
Bajo un único aspecto,
Es pues imposible admitir
Este trabajo de transformación que escapa, a
menudo, a la historia, debe ser analizado por
Estos autores, Ugo Fuscolo, Gabriele Rosetti,
E.J. Delécluze, ("Dante Alighiéri: la vie nouvelle"), Philarète
Chasles ("Galileo Galilei, su vida, su proceso"), Eugene Aroux
("
La característica de
El amor no es siempre una virtud, y se ha dicho
de nuestros caballeros que eran gentes virtuosas. Que se nos expliquen las
articulaciones infamantes de las que las recursos de amor han hecho estado y
que se les concilie, si ello es posible, con el honor conyugal. Estos hombres
de hierro a quienes nada se resistía, ¿hacían en este punto buen mercado de
sangre de una raza de la que se mostraban tan celosos y abandonaban sus lechos
a las peores aventuras?
¿El Amor? Sobre el valor de esta palabra se ha
centrado la atención. El amor caballeresco, devenido un parangón de pureza ¿era
la inclinación vulgar que atrae un sexo hacia el otro? ¿No había, por en
contrario, en este término, una intención mística, ajena al dulce comercio de
los corazones y los sentidos? Tal es la opinión que empieza a prevalecer y que
compartimos. Está apoyada por pruebas pragmáticas.
Rossetti, en primer lugar, ha establecido su
demostración en este sentido en cinco gruesos volúmenes de casi dos mil páginas
tituladas "Il Mistero d'ell Amor platonico del Medio Evo, derivato da
Mysteri antichi". El erudito profesor de literatura italiana, nacido en
Grundise, a pesar de la contradicción entre la verdad y sus sentimientos
católicos, se inclina ante los hechos.
En esta obra monumental, de una erudición
histórica y literaria inmensa, dice Delécluze, el exilado italiano desarrolla
el sistema del amor platónico o alegórico, que hace remontar al origen de los
misterios de Grecia y a la secta de los sufíes de
El autor de "Dante Alighieri y
En otros términos,
Pero ¿alcanzó nuestras regiones solo por esta
vía? ¿No existía ya entre nosotros un núcleo ardiente del mismo culto?
Grasset d'Orcet, la perspicaz esfinge que ha
resuelto el enigma del Sueño de Polifilo, nos da la explicación de un texto
esteganográfico cuyo sentido había desafiado hasta entonces la sagacidad de los
mejores criptógrafos. "El druida no rinde culto más que al verdadero y
único amor. Es la clave que abre a las almas el cielo y el rey del mundo. Es el
maestro que hizo el sol al cielo y domina como verdadero único señor. El
Francmasón tiene por principio universal
Sorprenderá leer aquí el término
"francmasón" que parece un anacronismo en medio de los Filósofos, los
Druidas y los caballeros de
"Se notará en este texto -dice
Grasset d'Orcet- la palabra "nephes" (que traduce por bruma tal
como lo quiere el griego). Es el nombre de dos célebres poemas, los Niebelungen
y los Nubarrones de Aristófanes.
Grasset d'Orcet ¿se complacía en un error
necesario para su atrevida tesis? ¿Los francmasones contemporáneos que se
jactan de detentar las verdaderas tradiciones, pensarían de manera diferente?
Cedámosles la palabra: "Mostrémonos dignos -escribía el F.·.
Bailleul, en un discurso pronunciado en el G.·. O.·. el 19 de octubre de 1847-
de ser los continuadores de esta venerable institución a través de tantos
siglos, desde la misión mística de nuestro hermano Platón".
El americano MacKey, autor de obras considerables
sobre los orígenes de la masonería, declara haber encontrado en la sede
primitiva de
"Que el Espíritu Santo,
amor divino que nos ha sido soplado por Diotima -dice-
nos aclare la inteligencia".
No alude, desde luego, al Paráclito ortodoxo.
Es cierto que todas las fuentes que proceden más
o menos de algunas camarillas pueden parecer sospechosas o interesadas. ¿Las
rechazará la historia oficial?
M. Henri Martin, autoridad reconocida, relaciona,
por su parte, masonería y caballería con druidismo. Reconoce que el Relato del
Santo Grial es la expresión auténtica. Como veremos más adelante remite
"En el Titurel, la leyenda
del Graal alcanza su última y espléndida transfiguración bajo la influencia de
ideas que Wolfram parecía haber situado en Francia y particularmente entre los
Templarios del Medio Día de Francia (los albigenses). Un héroe, llamado
Titurel, funda un templo para depositar el Vaso Sagrado y el profeta Merlin
dirige esta construcción misteriosa, iniciado por San José de Arimatea en
persona en el plano del Templo del Salomón. La caballería del Graal se
convierte aquí en Massenie, es decir en una franc-masonería ascética cuyos
miembros se denominan templistas y puede percibirse la intención de relacionar
a un centro común, representado por este templo ideal,
Grasset d'Orcet, que parece haber removido
montañas de libros desde este punto de vista, nos asegura "que el
número de obras que tratan sobre la antigua masonería es prodigioso y no solo
prodigioso por la variedad de las formas, sino que incluso hasta la orden de
los jesuitas aportó su contingente, e incluso uno de sus análisis más
completos, es la obra del jesuita (Villalpando) sobre el Templo de
Salomón".
Que la caballería de
El punto de partida de la institución se pierde
pues en la noche de los tiempos, pero la evidencia impone que las asociaciones
caballerescas eran ajenas a la doctrina cristiana, incluso las que se hubieron
revestido por la fuerza de las cosas la librea de
No volveremos a insistir. Parece bien demostrado
que la caballería es una orden mistérica, prolongación de Menfis, Tebas y
Grecia. El docto Goerres convino que formaba una amplia sociedad secreta e
identificaba todos sus ritos con los misterios paganos. La caballería ha venido
a morir en las logias masónicas de nuestros días, donde se encuentra una
profusión de títulos caballerescos que decoran a los Hermanos cuya ignorancia
vanidosa recuerda al asno de la fábula, portador de reliquias. Henri Marin
escribe: "Lo curioso, y de lo que no puede dudarse en absoluto, es que
la franc-masonería moderna no se remonta de escalón en escalón hasta la maseníe
del Santo Grial".
El Grial es la clave del misterio caballeresco.
Es la máscara cristiana de la fe antigua, el Palladium del orden que lo sitúa
al abrigo de la sospecha de herejía. El Grial de las leyendas de
Pero esta cosa -
El gardal se ha convertido, por
contracción, en Grâal, con un acento circunflejo, luego el Graal
se escribió sin tener en cuenta el signo de la contracción.
La leyenda cristiana de la que se recubrió este
arcano, el patronazgo de José de Arimatea [N-O de Jerusalén] que había ofrecido
sepulcro al Salvador, cubrían suficientemente los orígenes sospechosos de este
rito. Es cierto que toda la iglesia cristiana reposa sobre el mismo fundamento,
pero éste, materializando el símbolo, no expone mas que el exoterismo a los
fieles mientras que la caballería revela el esoterismo. Por lo demás no sería
difícil establecer que el nombre de las personas que evolucionan en torno al
Graal no tienen nada de hebraico; José de Arimatea tiene resonancias griegas.
Arimathía se ha formado, verosímilmente, de airemathesis, ciencia de la
demostración. El radical air del verbo aireiio, demostrar, nos da
el airetist, herético. Tal era un título de maestría o un sobrenombre
iniciático. Así, los Compagnons modernos se llaman aun con ciertos vocablos:
X-la clave de Corazones, Agrícola Perdiguier era llamado "Aviñonés
Sería superfluo insistir en una exposición
sumaria de la historia secreta de
El autor de este trabajo propio de un benedictino
sacrifica una parte de su fortuna y toda su existencia para hacer prevalecer
históricamente en la iglesia y las universidades el hecho patente e irrefutable
de que Dante fue un hierofante de
El punto de vista de Aroux difiere sensiblemente
del nuestro. Nosotros trataremos de encontrar un medio de conciliación pues no
comporta ninguna incompatibilidad absoluta.
"Había realmente
-dice- en la civilización del mediodía como en la del norte, menos avanzada,
y no podía haber más que una sola caballería. Era puramente feudal y en
absoluto amorosa. La de los Tristán, los Lancelot du Lac, Amadis, Galaor, no ha
existido más que en las novelas y en las asambleas secretas de
Esta tradición de buenos caballeros errantes y
amorosos dispuestos a romper una lanza para el triunfo del honor y del buen
derecho no reposaría más que sobre una ficción mistagógica y no habría tenido
vigor más que en reducidos subterráneos, numerosos en verdad, pero muy distante
de las altas mansiones y fieros castillos colgados sobre las cimas muy
elevadas? Eugene Aroux cae aquí en un lamentable error. Confunde nobleza y
caballería. Las dos cosas pueden combinarse, pero no son de la misma
naturaleza. Cuando nos habla de una caballería feudal y de un caballería
amorosa muestra una inconsecuencia singular en un hombre tan advertido.
Aroux se equivoca. No hay más que una caballería;
la de los misterios. Todos los nobles, incluso los más grandes feudatarios no
eran admitidos. El título de caballero era buscado como el mayor honor que haya
podido obtener un hombre sobre la tierra y se le consideraba la coronación de
la nobleza. Esta dignidad era incluso negada a los reyes. Algunos monarcas la
adquirieron, ciertamente, en una época de decadencia donde la caballería no era
más que una palabra hueca, cuyo sentido se había perdido. Fue a este título
profano como Napoleón o Luis XVIII pudieron ser recibidos como masones.
El título de caballero no se concedía en absoluto
a la ligera. Era preciso superar ciertas pruebas. Apenas podemos imaginar que
estas pruebas se limitaran a rudas estocadas o proezas de bravura. Se trataba
de otra cosa. Para ser armado caballero era preciso ser hombre de bien en toda
la aceptación del término, renunciar a la vida de rapiña de los barones
errantes y proteger a la viuda y al huérfano, en una palabra estar regenerado y
nacido para una vida nueva.
Era preciso para una obra tan considerable una
leva más poderosa que la fuerza del clero sobre los elementos temporales. No
negamos absolutamente a
Para comprender lo que
Una objeción se plantea: en sus buenos tiempos la
caballería no era hereditaria mientras que la nobleza de raza si lo era. Este
rasgo distintivo muestra que la caballería consagraba una evolución moral
completamente personalizada. Aroux estaba en este punto equivocado y lo que ha
creado este malentendido en su espíritu deriva de la consideración de un hecho
puramente administrativo: había en la nobleza una organización militar
ecuestre, ya que se combatía entonces a caballo. Pero estos caballeros eran
gentes de a caballo que llevaban la espada de la fuerza y no la de la lealtad.
Nunca la historia probará que los caballeros hayan sido armados caballeros por
una investidura regular. El título de caballero, causa de este error, es una
pura homofonía sin consecuencias extraída de la palabra caballo. La caballería
legendaria exigía un período de prueba muy fuerte.
Originariamente duraba veintiún años. Era
conferido por medio de un ceremonial simbólico que sorprendía al menos avisado.
Los padrinos o jurados eran indispensables y no comparsas de mera forma. El
candidato pasaba primeramente por baños frecuentes, luego permanecía varias
noches en una capilla oscura sin luz. Era la "noche de la tumba" en
la cual el hombre viejo iba a ser inhumado y luego entrar en putrefacción para
resucitar a una vida nueva (
Fauriet, en su "Curso de Literatura
Provenzal", reconocía con la mayor perplejidad, que la caballería
reclutaba en la pequeña nobleza, viviendo al abrigo de los desvíos criminales
de la nobleza de pro: "Estos hombres que asumían el amor de forma tan
exaltada no eran ni grandes barones ni poderosos feudatarios. Eran, en su mayor
parte, pobres caballeros sin feudos (el autor habla aquí la lengua de la
nobleza actual para la cual el título de caballero es el más bajo en la
jerarquía). El mayor número pertenecía a las filas inferiores de la
feudalidad y varios son citados expresamente por su gran pobreza".
¿Cómo es que la iglesia no se alertase ante la
superchería? En realidad, "muchos conventos, tanto de hombres como de
mujeres, había sido invadidos por la herejía" dice Aroux. Aidre
Tieberg en su excelente obra sobre
No, la caballería, de la que Europa se honra y
glorifica, ha tenido mucho espacio en la vida real para que se le pueda reducir
a algo puramente alegórico. La caballería se inspiraba en principios muy
elevados para no ser más que una institución guerrera, pues incluso lo que
Aroux considera como heráldica, testimonia las más nobles aspiraciones.
En nuestra opinión la emanación de las altas
personalidades de aquel tiempo, profesaban el cristianismo filosófico. Si era
de otra forma y si era necesarios confundir caballería con los albigenses, el
catarismo y los valdenses, convendría ir más allá hasta el final de la lógica y
decir que todos los miembros de estas sectas eran caballeros.
Por nuestra parte rechazamos reconocer vínculos
de familia con la caballería; ésta ocupaba el piso superior a la herejía
asumida por el pueblo y dirigida por un sacerdocio de la misma condición. En
lugar de los trovadores portadores de buenas palabras, los mandantes tenían
buhoneros, mercaderes, peregrinos y saltimbanquis. Esto se desprende
necesariamente de la influencia regeneradora de la casta superior, pero aunque
profesaran íntimamente la misma doctrina, lo hacían de manera diferente.
Hacemos las mismas reservas en lo que respecta al
cristianismo de los caballeros. Pensamos que cuando la iglesia practica con el
poder temporal y da a los fieles la carne material de Cristo como único
alimento, los hierofantes del cristianismo filosófico, para preservar de la
ruina que amenazaba
Tras haber superado en una sola y única obra la
caballería que Aroux había cortado en dos, creemos útil reproducir algunas
páginas muy instructivas de los Misterios de la caballería de este autor,

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