EL DIOS EN QUIEN CREÍA
EINSTEIN
POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO - 03/16/2016
EINSTEIN NO ERA ATEO. SU PENSAMIENTO
RELIGIOSO ES COMPLEJO; CERCANO AL PANTEÍSMO DEL FILÓSOFO BARUCH SPINOZA,
EINSTEIN SUGIRIÓ EN OCASIONES QUE LA ELEGANCIA DE LAS LEYES MATEMÁTICAS DEL
UNIVERSO APUNTA A LA PRESENCIA DE UNA DIVINIDAD INMANENTE, NO PERSONAL
Prefiero creer en todas las fábulas del Corán, el Talmud y la Leyenda,
que creer que esta forma universal existe sin una mente. Y por ello, Dios nunca
fabricó milagros para convencer a los ateos, porque sus obras naturales
convencen. Es verdad, que un poco de filosofía inclina a la mente del hombre al
ateísmo; pero la profundidad en la filosofía lleva a la mente del hombre a la
religión.
Francis Bacon
La
reputación de Einstein como un gigante intelectual ha hecho que obsesivamente
se analicen sus hábitos y creencias, quizás buscando en los aspectos personales
de su vida una forma de dar sentido a nuestras vidas, bajo la guía y el ejemplo
de una luminaria. El caso de Einstein merece rescatarse porque muestra una motivación
por conocer la verdad que no separa del todo la búsqueda científica de la
búsqueda religiosa: una misma sed de lo absoluto por diversos métodos. Hoy en
día la ciencia está completamente separada de la religión y un científico que
manifieste una inclinación religiosa es rápidamente marginado de la academia o
de la discusión supuestamente más seria que se produce dentro de los límites
establecidos por la ciencia. Einstein ciertamente no fue una persona religiosa
en el sentido tradicional, pero claramente tuvo una inquietud religiosa que fue
sumamente importante en su trabajo y sin la cual quizás no habría formulado un
modelo del cosmos tan elegante y en concordancia con principios universales.
La
motivación del trabajo científico de Einstein, quien de niño tuvo una etapa de
fervor religioso que luego abandonó, puede resumirse en una de sus citas más
famosas: "Quiero conocer cómo Dios creó el mundo... quiero conocer su
pensamiento, el resto son detalles". Esta es la más ambiciosa actitud que
podemos concebir para acercarse al conocimiento y a la vez no es una actitud
soberbia, sino que refleja el deseo más puro y hondo de saber --y no sólo
la parte sino el todo. Esto es, querer saber,
aspirar al todo, consciente, sin embargo, de nuestra pequeñez. A diferencia de
muchos de los científicos modernos que no tienen una dimensión filosófica,
Einstein no razona desde una conclusión previa (el ateísmo, o el materialismo),
sino que toma el papel del niño o del filósofo que se asombra ante el misterio
y a partir de lo que observa formula su creencia, aunque ésta puede ser una
nueva pregunta y no una afirmación excluyente. En una entrevista de 1930
publicada en el libro Glimpses of the Great de G. S. Viereck,
Einstein explica:
Tu pregunta
es la más difícil del mundo. No es algo que pueda responder con un simple sí o
no. No soy ateo. No sé si pueda definirme como un panteísta. El problema en
cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. ¿Puedo contestar
con una parábola? La mente humana, no importa que tan entrenada esté, no puede
abarcar el universo. Estamos en la posición del niño pequeño que entra a una
inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe
que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende
los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan
definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no
comprende, sólo sospecha. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana,
incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un universo
maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos
esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa
que mueve a las constelaciones. Me fascina el panteísmo de Spinoza, porque él
es el primer filósofo que trata al alma y al cuerpo como si fueran uno mismo,
no dos cosas separadas.
En otra famosa respuesta, Einstein
contestó un telegrama del rabino Herbert S. Goldstein sobre su visión religiosa
diciendo escuetamente: "Creo en el Dios de Spinoza. Quien se revela a Sí
mismo en las armoniosas leyes del universo, no en un Dios quien se ocupa del
destino y el castigo de la humanidad". Así en la necesaria economía verbal
de un telegrama, Einstein revela la clave de su visión religiosa del universo.
En ocasiones fue presentado como ateo, quizás confundiendo su negación de un
dios personal (como ocurre con todas las religiones en su sentido esotérico), pero
es mucho más cercano a la realidad decir que Einstein tenía una postura
agnóstica que se inclinaba, sin embargo, marcadamente hacia el panteísmo.
Baruch
Spinoza, de extracción judía al igual que Einstein, formuló en su Ética
demostrada según el orden geométrico (uno de los libros más
importantes en la historia de la filosofía) el concepto del panteísmo, o la
idea de que Dios es inmanente e idéntico a la naturaleza. Spinoza considera ahí
que Dios es la única sustancia del universo y todas las cosas existen en Él:
"todas las cosas necesariamente proceden de, o siempre siguen [al poder
infinito de Dios] por la misma necesidad y en la misma forma en la que de la
naturaleza de un triángulo sigue, por toda la eternidad, que sus tres ángulos
sean iguales a dos ángulos rectos". Es decir, para Spinoza, el universo es
necesario, existe bajo ley y tiene una naturaleza determinada; no es el
resultado de un acto de creación voluntaria (también los dioses griegos estaban
supeditados a Ananké, la necesidad). Esta es una teología ciertamente afín a la
ciencia, que observa constantes matemáticas y leyes naturales operando en todo
el universo. Einstein también creía que el universo era determinista, como
puede deducirse de su famosa frase "Dios no juega a los dados". Al igual
que Spinoza, Einstein creía que la geometría tenía un lugar fundamental en la
naturaleza del universo, demostrando la existencia de una ley y un orden
universal, igualmente un determinismo, lo que puede ser entendido también como
una huella de la "mente de Dios" que tanto quería conocer, y que para
Spinoza se manifestaba a través de la naturaleza, englobándolo todo. Recordemos
que para Einstein el tiempo-espacio no es más que una propiedad que emerge de
la geometría del universo.
Algunos
filósofos han interpretado el panteísmo de Spinoza como realmente un
"materialismo", al eliminar la dualidad cartesiana y considerar que
la mente y el cuerpo son una misma sustancia. Por otro lado, pocos filósofos
han dotado a la mente de un poder tan vasto como Spinoza, para quien la
intuición no sólo es la cualidad suprema del intelecto sino que es capaz de
conocer a Dios a través de las ideas. "El conocimiento de la esencia
eterna e infinita de Dios que cada idea involucra es adecuado y perfecto",
escribió. "La mente humana tiene un conocimiento adecuado de la esencia
eterna e infinita de Dios". Si podemos creer en esta cita recabada por
el Huffington Post, Einstein no concebía al Dios de Spinoza como meramente material:
"Cualquiera que se involucra seriamente en la ciencia se convence de que
un espíritu se manifiesta en las leyes del universo, el cual es vastamente
superior al hombre".
Podemos
debatir arduamente sobre lo que creía o no creía Einstein y entraríamos en
discusiones bizantinas en las que cada quien podría tener argumentos
relativamente acertados que acerquen a Einstein a coincidir con sus propias
creencias. Esto me parece un despropósito, lo que quiero rescatar más que su
visión teológica (o falta de) es su acercamiento no dogmático al conocimiento.
Esto es, no dogmático en tanto que no da por sentado la existencia de una
divinidad personal que crea el mundo según su antojo, y también no dogmático en
tanto que considera que la belleza y armonía del universo sugiere (pero no
comprueba) la existencia de una inteligencia superior a la nuestra y se atreve
a mencionar e incluir en la más alta mesa de discusión a la divinidad, algo que
para la mayoría de los científicos hoy en día sería anatema. Algunos podrán ver
en esto un agnosticismo, pero también es posible ver una actitud de reverencia
y asombro místico. Como escribió en 1954 para la Radio Pública
Nacional de Estados Unidos (NPR):
Estoy
satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con la conciencia --y
el acercamiento a-- la maravillosa construcción del mundo existente en conjunto
con la segura determinación de comprender alguna porción, aunque sea pequeña,
de la razón que se manifiesta en la naturaleza. Esta es la base de una
religiosidad cósmica, y me parece a mí que la más importante función del arte y
la ciencia es despertar este sentimiento entre aquellos que sean receptivos y
mantenerlo vivo.
He ahí los
principios de una ciencia integral, que no subestima a la religión, sino que se
inspira en ella y que se atreve a una visión más amplia y grandiosa a la vez
que más humilde en su concepción del universo. Hoy en día, cuando los
pensadores legitimados por las corrientes de pensamiento en conformidad con los
paradigmas dominantes de nuestra cultura recuerdan a grandes científicos, como
Newton o Kepler, hacen referencia a su gran devoción religiosa como un mal
propio de su tiempo o una especie de defecto de carácter que debemos pasar de
largo, como si esto no fuera parte esencial no sólo de su personalidad sino de
aquello que les permitió lograr sus descubrimientos. Me parece que debemos
reconocer que la religiosidad --ese deseo de hallar y unirse con el Todo o con
el Uno-- en estos casos no es "lo peor" en su personalidad o pese
a lo cual estas grandes figuras han logrado sus revolucionarias
teorías, como nos quieren hacer creer algunos, sino parte fundamental de lo que
ha hecho que el pensamiento humano haya podido acceder a las esferas más altas
del conocimiento.

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