La
masonería, es un hecho de la Naturaleza y siendo un hecho de la
Naturaleza es una repetición diaria, acontecida en el mismísimo
hombre.
Sus
leyes son las mismas de toda religión, tienen por objeto, el
descubrimiento del verdadero Ser interior y el conocimiento de sí
mismo.
Pero
como sucedió a las religiones ha sucedido a la masonería: todos han
materializado sus pensamientos para adorarlos, en vez de
espiritualizar sus obras para convertirse en dioses.
No
negamos que los secretos esotéricos de las religiones y de la
masonería son actualmente de todo el mundo, pero el verdadero
misterio de ellas no se halla en los libros rituales y ceremonias,
sino en lo más hondo del espíritu, en el jardín Edénico cuya
puerta está guardada y vigilada por el ángel de la espada
flamígera. Los religiosos, los sacerdotes de toda religión y los
masones poseen los misterios a manera de los camellos del desierto,
cargan el agua y mueren de sed y con todo corren buscando, por todas
partes, el líquido de la vida.
El
símbolo es como el verdadero arte, nunca debe hablar al sentido,
sino debe excitar la imaginación, pero desgraciadamente el hombre
actual tiene tan perezosa imaginación que no se molesta en
escudriñar nada, y se contenta con adorar el ídolo que ella creó.
Su
objeto es la investigación de la verdad; pero esta investigación,
debe ser interna y, subjetiva, pese a cualquier mastín que crea lo
contrario. Hemos dicho que los símbolos son la alegoría de la
verdad y no son la verdad, sólo expresan la imagen simple de la
calidad de las cosas. El símbolo es el cuerpo físico de la idea,
pero para conocer la idea hay que sentirla o concebirla.
El
fin de la masonería es el de que cada hombre se conozca a sí mismo
y el conocimiento de sí mismo no consiste en estudiar anatomía,
aunque muchas veces la magnificencia de la anatomía conduce al
hombre a la meditación en el misterio.
“Yo
soy el pan de la vida”, dijo el Divino Maestro. ¿Podremos creer
que esa frase simbólica, significa el pan que comemos diariamente y
quien lo come vive eternamente?
Antiguamente
el hombre, cuando todavía no materializaba sus pensamientos, no
tenía necesidad de símbolos, ni alegorías. Hasta ahora, algunos
animales tienen instintivamente la sensación del barómetro y
sienten de antemano la llegada de la tempestad, mientras que el
hombre tiene que acudir al instrumento en sus investigaciones. Todo
esto, aconteció desde que la mente empezó a creer en todo, a los
cinco sentidos y abandonó la intuición subjetiva.
Entonces
ya comprendemos que los símbolos en la masonería tienen por objeto
redescubrir la luz oculta por los tupidos velos de los
sentidos. Son necesarios hasta cierto punto porque constituyen el
cuerpo físico de la enseñanza, pero nunca debemos imaginar que el
hombre vive, solamente cuando está en su cuerpo físico.
A
su debido tiempo explicaremos en lo posible el significado de cada
símbolo.
Entonces
la masonería es, como hemos dicho, una repetición diaria de las
leyes naturales en el mismo hombre, según la máxima de Hermes:
“Como es arriba es abajo”.
Masón
o Francmasón
El
término de masón se deriva, según algunos autores, de phree messen
que son unos vocablos egipcios que significan “Hijo de la luz” y
según otros de “Libre constructor”.
En
el lenguaje masónico, Dios es conocido con el nombre de Gran
Arquitecto. Arche es una palabra griega que quiere decir “substancia
primordial o primaria”. Tekton en griego significa “constructor”.
Se dice que José, el padre de Jesús era carpintero; pero la palabra
empleada en la lengua griega es tekton, esto es, constructor y mal
puede ser traducida por carpintero. Asimismo se dice que Jesús fue
tekton, o sea un constructor.
De
este modo el término “francmasón” o significa hijo de la luz o
constructor, que está esforzándose en construir el templo místico;
en construir, dentro de él, el altar de sus sacrificios, y luego
debe velar y orar mientras espera pacientemente al fuego divino que
baje para consumir su ofrenda.
Sea
que “francmasón” signifique hijo de la luz o libre constructor,
ambos términos dignifican al hombre que lo lleva, pero nosotros
podemos preguntar: ¿cuántos hombres que llevan el título de masón
son dignos de este término?
Templo
El
templo es el lugar en donde se reúnen los masones para desarrollar
sus trabajos. Esta palabra se deriva de la latina “tempus”
(tiempo). Ya hemos repetido y volvemos a insistir, que desde que el
hombre abandonó su estado edénico, su paraíso espiritual, se alejó
mucho de la verdad y ya no pudo concebir lo abstracto, tuvo que
materializar sus ideas, así como Tomás, después de la resurrección
del Señor no podía concebir intelectualmente tal prodigio y quiso
introducir el dedo en las llagas para comprobar el hecho.
Así
también sucede con todo hombre: desde el momento en que se olvidó
de Dios que mora en su corazón, de sus leyes naturales en el
Universo y el cuerpo físico, inventó un dios exterior y creó un
edificio para alojarlo. Este edificio se llama templo. Tampoco se
detuvo aquí, sino quiso comprender intelectualmente la naturaleza de
Dios. Entonces principió a darle formas iguales al propio cuerpo
físico y atribuirle deseos, anhelos y pasiones, y por último se
hizo representante de EL en la tierra. Dios se convirtió en un ser
temible, expuesto a la ira, venganza, odio, etc., y a pesar de ser
infinito se redujo al extremo de poder habitar en un edificio llamado
templo.
El
iniciado o hijo de la luz comprende hasta le evidencia que el
Universo entero es el Templo de Dios, que el Templo de Dios es
universal, no sectario, cuya contraparte es el mismísimo cuerpo
humano. Está escrito: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que
el Espíritu de Dios mora en vosotros?”
Los
Egipcios, que eran mucho más sabios que nosotros, cuando construían
sus templos, imitaban en lo posible las leyes cósmicas universales
que se reflejan en el cuerpo del hombre. La Pirámide de Keops es el
templo más perfecto. En este monumento eterno, pudo la mente
iniciada encerrar algunos de los misterios del cuerpo físico
reflejados por los del Macrocosmos. El iniciado o, sacerdote egipcio
se conoció, asimismo, física y espiritualmente, y descubrió su
conocimiento en este libro que es la Pirámide, para que su hermano
menor pueda leer en él y saber como él, la manera de penetrar a su
interior y adorar a Dios.
¿No
dijo el Cristo: “Llegará la hora y hora es, en que ni en este
monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Dios es Espíritu: y es
menester que aquellos que le adoran le adoren en espíritu y en
verdad”?
¿Y
el Templo de Salomón, no es la imitación del cuerpo físico? ¿Todos
sus misterios no significan el proceso alquímico que se efectúa
diariamente dentro del propio cuerpo del hombre?
La
humanidad, cual hijo pródigo del Padre Celestial, hambrienta en el
desierto del mundo, se alimenta por los desechos de sus placeres \que
enferman al alma, ha tenido siempre la voz interior del Yo Soy que le
grita: Vuelve a tu hogar.
El
iniciado, hijo de la luz, después de sufrir miles de miserias en pos
de sus placeres se siente impelido por la voz interior a volver al
seno del Padre y formar de su cuerpo una casa, un templo para Dios;
un templo del espíritu, donde pueda entrar, cerrar sus puertas para
encontrar al Padre frente a frente y contestar a su voz.
Pero
como no todos han podido escuchar esa voz interior, el Padre nos
habla con el lenguaje simbólico, el cual a la vez oculta, y a su
debido tiempo revela las verdades espirituales, se valió de los
hermanos mayores para trazar a nuestra vista el símbolo del Templo
cuyo objeto es hacernos volver a El interiormente a nuestro corazón,
el único altar de la Divinidad.
Adorar
a Dios en espíritu, no significa prosternarse ante su imagen dentro
de un templo, hecho por manos humanas, y no, a manera de Melquisedec,
en el templo no construido por hombre alguno. Pero al igual que
nosotros contemplamos el retrato de un ser querido, debido a que el
retrato despierta en nuestro corazón un sentimiento tierno, así el
simbólico templo enciende en nuestro pecho el deseo de adorar al
Dios interior que está fuera del alcance de los sentidos físicos.
Cristo
dio fin a la época del Santuario o templo externo, desde el momento
en que hizo el autosacrificio, y desde aquel entonces el Altar de los
sacrificios y ofrendas debía levantarse dentro del corazón para
reparar las faltas.
El
candelabro de oro debe estar dentro del cuerpo para que nos guíe al
Cristo interno, y que la gloria del Shekinah del Padre, more dentro
de los recintos sagrados de nuestra propia conciencia divina.
Entonces,
el templo es la representación alegórica del cuerpo físico. Todo
iniciado debe penetrar diariamente, por medio de la concentración y
meditación, al templo interior, al corazón y permanecer allí
largos momentos, frente a frente a su Padre Celestial. Debe el
aspirante dejar todo sistema, ejercicio, escuela o religión y
dedicarse a esa comunión con el Padre, porque el templo de la
religión esotérica y de la masonería, tienen por objeto conducir
al hombre a este fin.
La
Logia
El
templo representa el Universo que es el Templo de Dios, cuya
contraparte es el cuerpo humano. En el interior del Sagrado Templo
hay una cámara destinada a la reunión general para estudiar las
obras de Dios. Es la cámara interna, es el sol del Templo, el lugar
santo en donde mora la Presencia de Dios: la logia.
La
logia es la manifestación de Logos o Palabra, o el Cristo que vive
en cada uno de los miembros y encuentra en su conjunto una armónica
expresión. Así como el templo es la contraparte del cuerpo físico,
la logia es la contraparte del lugar santo, que se halla dentro del
hombre, en donde el Cristo, Yo Soy, está trabajando siempre en
construir y expresar el Plan de Gran Arquitecto. El verdadero Sancta
Sanctorum se encuentra en el interior del hombre quien, por
materializarlo, le dio un símbolo que es la logia en donde busca la
inspiración.
También
la logia representa la superficie de la tierra, con los cuatro puntos
cardinales: Oriente, Occidente, “camino de la luz”, Norte, Sur,
su anchura; con tierra, fuego y agua bajo nuestros pies, y aire y
Nous sobre nuestras cabezas, más encima de las cuales representa el
techo de la logia un cielo estrellado, símbolo de un mundo
inmaterial. Todo esto quiere, decir que como el Universo no tiene
límites, es un atributo de Dios que abarca todo, así también la
logia, el Logos, el Cristo dentro del hombre, prácticamente no tiene
limites, está dentro y fuera y todo lo que es hecho por él fue
hecho.
Además,
si examinamos detenidamente la logia encontramos que es la
representación completa y exacta del mismo cuerpo del hombre,
interna y externamente. Hay que intentar la comprensión de este
símbolo, si no, el masón será como el papagayo, que repite las
palabras sin entenderlas.
Se
ha dicho, que logia, Logos, palabra, el Verbo, Cristo, Yo Soy,
significa una misma cosa. Ahora examinaremos la doctrina de la
redención cristiana. El Verbo se ha hecho carne, se manifiesta en
nosotros para salvarnos. ¿Cuántos son los que han meditado en este
misterio? Cristo dijo: “Yo soy el pan vivo, que descendí del
cielo. . . Las palabras que yo os he dicho espíritu y vida son.”
Entonces la redención se consigue por medio de la fidelidad en la
Palabra, el Cristo o Verbo Divino que es el Yo Soy interior, que NACE
o se manifiesta en nosotros y nos conduce, de las tinieblas a la luz,
de la muerte a la Inmortalidad.
Luego
la logia es la habitación del Logos, del Verbo, de la Palabra, del
Cristo y esta habitación es el mismo cuerpo físico. Abrir la logia
significa dejar que el Cristo Interno manifieste, exprese (presione
hacia afuera) su poder por medio de nuestro organismo, células,
porque nuestros cuerpos son sus canales. Este es el verdadero
significado de la logia, que sólo puede entenderla la compresión
interna, cuya doctrina vital debe hacerse carne, sangre y vida en
nosotros, para obrar el milagro ele la regeneración o el nacimiento
del Cristo en nosotros, fin de la Iniciación o trabajo interno.
Este
misterio no es solamente propiedad del cristianismo, sino ele todas
las religiones: Egipcios, Orientales, Romanos, Gnósticos y
Cristianos. Es la Doctrina de la luz interior que identifica al
hombre con su Dios; pero cada religión lo expresa en distintas
formas, palabras y símbolos, adaptándose a la inteligencia y
capacidad de sus fieles.
Relación
de la Logia con el Hombre
Todos
los manuales masónicos han tratado detalladamente el significado de
los símbolos, pero ninguno ha comparado su relación con el hombre
microcosmos, que debe encerrar el misterio del Macrocosmos, así como
dice Hermes: Como es arriba es abajo.
Los
antiguos egipcios, para construir la eterna Pirámide de Keops,
debían de haber estudiado bien al hombre o al Universo o a los dos a
la vez para poder producir aquella maravilla científica. De que las
logias actuales, los signos, los símbolos, etc…., no han
conservado fielmente todo el brillo v el verdadero origen de su
antigüedad es cosa comprendida, pero sí ha quedado lo suficiente
para ocupar la imaginación del hombre por varias vidas.
La
logia dentro del Templo Simbólico es una imagen representativa del
Universo o el cuerpo físico del Hombre. Tiene la forma de un cubo
que corresponde en su figura al número 4. Simboliza a la Naturaleza
o cuerpo con sus cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales.
Estos cuatro elementos animados por la vida son nacidos por la unión
de los principios primordiales, representados por las dos columnas.
La
planta del local está orientada en dirección del Oeste a Este. El
hombre debe seguir la ley Divina para su evolución, debe imitar al
Cristo o Logos solar en su trabajo. En el OCCIDENTE,
el sol de la vida después de terminar su jornada y con radiante
esplendor, descansa; así es el hombre: después de trabajar
intensamente como el padre sol durante el día, busca la paz y el
descanso en los brazos de Dios, por medio del silencio, la meditación
y por fin el sueño, como lo hace el niño en brazos de su madre.
ORIENTE:
Así como es el sol, símbolo de la vida y del nacimiento, del
crecimiento y del continuo esfuerzo, así también debe el hombre
imitar al sol en todos sus movimientos. Por el sol conoció el hombre
las leyes de Dios y en el Oriente vio el agente de estas leyes. El
nacimiento diurno del sol después de su descanso enseria al hombre
la continuidad de la vida y del esfuerzo, así también de la
evolución. El oriente es el principio de la vida.
SUR:
Designa la iluminación v la espiritualidad, porque allí el sol
brilla en todo su esplendor. El sur es el punto en donde la mente
Divina se manifiesta en toda su plenitud.
NORTE:
Es el lugar de las tinieblas donde el sol no derrama su luz. Es el
mal, el abismo, valle de las lágrimas, la ignorancia. Lugar de los
deseos inferiores. La Pirámide tenía la puerta de entrada al norte
que indica que el neófito, ciego ignorante debe entrar por el norte,
lugar de las tinieblas, a la logia en busca de más luz.
El
hombre, también es como la logia, tiene los mismos puntos
cardinales. El oriente en él es el anterior de su cuerpo por donde
puede manifestar su continuo esfuerzo; sus cinco sentidos colocados
en esta parte son los que le ayudan al servicio, al conocimiento de
los misterios. Su rostro debe derramar la luz del saber y del
beneficio.
El
occidente en él es la parte posterior de su cuerpo. Después que el
Sol Espiritual derrame su luz por la faz del hombre incitándole a
expresar, a manifestarse, se resigna a ocultarse, para que su mente
busque la meditación y el descanso, asimilando todas las
experiencias del día. Entonces cierra las puertas de su aposento y
se dedica a adorar al Padre interiormente v recibirá la iluminación.
El
lado derecho o sur del hombre es el lado positivo. El cerebro derecho
es el instrumento de la mente Divina; todo pensamiento altruista
procede de esta parte: El sol espiritual derrama en él su manantial
(le iluminación y manifiesta en él el reino de la espiritualidad;
es la Galilea, la ciudad santa, etc., del Evangelio.
El
izquierdo, el norte, es el lado negativo, el lado tenebroso,
hemisferio izquierdo del cerebro llamado por biblia Babilonia, ciudad
de confusión, morada de los espíritus luciféricos, de los
sentimientos egoístas, Judea, Capharnaum del Evangelio, y por último
el reino de la ignorancia, de donde nada sale, sino el deseo bajo y
egoísta.
En
el contorno de la logia se hallan repartidas doce columnas, según la
comprensión general, representan los doce signos zodiacales pero
según nuestra comprensión representan un ideal más esotérico.
Semejante al sol colocado entre los signos así es el verdadero
hombre, está dentro del cuerpo físico, está suspenso entre las dos
decisiones de donde nace su futuro espiritual después de nacer su
devenir físico.
Así
como las doce columnas de la logia indican los doce signos del
zodíaco; dentro del cuerpo físico se hallan doce partes, doce
facultades que están influidas por aquellos signos, y que están
repartidos alrededor del sol espiritual en el hombre. El año tiene
doce meses, Jacob tuvo doce hijos, Jesús doce discípulos y el
hombre como contraparte de la ley cósmica tiene doce facultades del
espíritu en él.
Durante
el año, el sol Padre visita a sus doce hijos, en el Zodíaco; el sol
Cristo en el hombre, también vivifica durante el año a las doce
facultades, representadas por los hijos de Jacob, o discípulos de
Jesús.
El
Carnero
o Aries
representa la cabeza o el cerebro del Hombre cósmico es Benjamín:
como facultad intelectual, es la voluntad activa guiada por el
cerebro.
Tauro:
Representa el cuello y garganta, es Issachar: la fuerza del
pensamiento silencioso y vivificante.
Géminis:
Los brazos y manos del hombre; Simeón y Leví: la unión de la razón
y la intuición.
Cáncer:
Los órganos vitales, respiratorios y digestión; Zabulón: el
equilibrio entre lo material y lo espiritual.
Leo:
El corazón, el centro vital de la vida física; Judá: anhelos del
corazón.
Virgo:
El plexo solar que asimila y distribuye las funciones en el
organismo; es Asher, que expresa la realización de las esperanzas.
Libra:
Riñones y lomos del hombre, es el equilibrio en el torbellino de la
fuerza procreadora; es Dan: la percepción externa equilibrada que se
exterioriza como razón y presencia.
Escorpio:
El órgano generador o el sistema sexual es la caída del hombre
fuera de la Balanza o Libra punto equilibrante; es Gad: la generación
de las ideas.
Sagitario:
Muslos y asientos del hombre autoridad y gobierno físico; es José:
facultad organizadora del Espíritu.
Capricornio:
Rodillas plegables y flexibles del hombre emblema del servicio; es
Nephtalí, símbolo de la regeneración o renacimiento.
Acuario:
Piernas, locomoción del organismo; es Rubén: la ciencia y la
verdad.
Piscis:
Los pies, bases fundamentales de toda cosa externa; Efraín y
Manasés: paciencia y obediencia.
Entonces
las doce columnas que representan los doce signos zodiacales
interpretan las doce facultades del Espíritu, colocadas en el cuerpo
físico del hombre.
A
lo largo del friso, imagen de la eclíptica, circuye un grueso
cordón, anudado a distancias proporcionales, formando doce lazos
cuyos extremos están terminados en dos borlas que se apoyan sobre
las columnas de la Orden.
Esta
cadena o lazo interior nos explica la relación que se halla entre
una facultad espiritual y otra. Este lazo interno debe ser buscado
individualmente y cada cual debe manifestar y lo más elevado de sus
facultades, en pensamientos, sentimientos obras.
No
basta ‘la manifestación buena de una sola facultad, sino que todos
deben vibrar al unísono Divino, y porque- una vibración negativa
tiende a anular la positiva. Entonces el lazo simboliza la unión de
todas las facultades espirituales, y la unión de todos los masones,
para perfeccionarse, en primer término, a sí mismo y perfeccionar
después a la Humanidad, haciendo de ella una Familia Universal.
Al
oriente se levanta un estrado o plataforma, elevado sobre una
gradería de cuatro escalones y cuyo frente está formado por una
balaustrada. En la parte central de esta plataforma se levanta sobre
tres gradas otro estrado de menores dimensiones, pero bastante
espacioso para contener el sitial del Venerable Maestro y el ara o el
trono que tiene delante, resultando que este se halla elevado a la
altura de siete grados sobre el nivel del suelo.
El
sitial del Venerable encierra, para nosotros, numerosos misterios. Es
otro símbolo del hombre, miniatura del Macrocosmos. Se ha dicho que
la frente del hombre es el Oriente por donde derrama el sol sus rayos
de vida y de luz; los ocultistas dicen que es el asiento del Yo Soy o
el trono de la Divinidad en el hombre.
“A
quien venciere, lo haré columna en el templo de mi Dios, y escribiré
sobre su frente el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva
Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios y mi nombre nuevo.”
(Apoc., Cap. III, vers. 12). Este trono se levanta sobre siete gradas
o escalones.
La
ciencia espiritual nos enseña que el hombre está compuesto de siete
mundos compenetrados unos en otros y que el número siete se halla en
todo, porque es el más sagrado. Los mundos en el hombre: Físico,
Astral, Mental, Intuicional, Espiritual, Monádico y por último
Divino. Para llegar a sentarse en el trono de la Divinidad; para
merecer el título de Maestro verdadero, debe elevarse por medio de
la verdadera Santidad altruista sobre sus siete mundos, representados
por las siete gradas elevadas sobre el nivel del piso.
En
otras logias se observan leves diferencias en la disposición de las
gradas: por ejemplo la parte oriental del Templo se halla elevada
sobre tres escalones, con respecto al piso de la logia, significando
con ello que no se puede llegar al mundo de las causas, sino
elevándose por medio de la abstracción y la meditación en las
regiones superiores del pensamiento en donde se encuentran los
principios originarios de las cosas.
Sobre
esta elevación se sientan, respectivamente al Norte y al Sur, el
Secretario y el Orador y, más abajo, el Hospitalario y el Tesorero y
el Portaestandarte y el Maestro de Ceremonias. Estos, con los dos
Diáconos, los dos expertos y el Guardatemplo constituyen los
oficiales de la Logia, que cooperan con los tres Dignatarios en las
diferentes ceremonias que se desarrollan cooperando al orden y
armonía de los trabajos.
Entonces
el venerable Maestro es aquel ser que por su propio esfuerzo en
servir a los demás, impersonalmente, se eleva sobre sus mundos, sus
cuerpos, y se sienta sobre el trono de su propia divinidad,
representado por el dosel o estrado, colocado sobre los siete
escalones.
Por
encima del asiento del venerable M.·.,
se destacan un Delta o triángulo resplandeciente que lleva en
caracteres hebraicos el nombre de Jehová, con el ojo Divino en el
centro.
Todos
esos símbolos encierran grandes misterios en el mismo hombre. El
Delta indica la Trinidad del Hombre hecho a imagen del Creador. Los
tres lados sintetizan el misterio de la Unidad, de la Dualidad y de
la Trinidad, o sea el Misterio del Origen de todas las cosas y de
todos los seres.
El
lado superior representa la unidad fundamental en el hombre o el
primer principio del cual todo tuvo nacimiento. Es la representación
del Absoluto dentro y fuera del hombre. Es la primera frase que dice
“en el principio” y en el cual existen todas las cosas. Es el
Padre origen de toda creación.
Los
dos ángulos inferiores son la imagen de la dualidad, representadas,
también, por las dos columnas o las dos piernas del hombre y los dos
lados; positivo y negativo en su cuerpo.
Cada
ángulo es un distinto aspecto de la unidad Primordial Originaria.
El
triángulo equilátero es el símbolo de Perfección; Armonía y
Sabiduría, son el Padre, Hijo y E. S., las tres emanaciones,
poderes, principios. Son el Creador, Conservador y destructor, que
forman en El un solo Ser.
Desde
el triángulo que forma el Delta propiamente dicho, irradian en sus
tres lados grupos de rayos que terminan en una corona de nubes. Estos
rayos simbolizan la fuerza expansiva del Ser Interno, que desde un
punto central en el hombre se extiende y llena el espacio infinito. Y
la corona de nubes indica la fuerza cristalizada, o la materia forma
que se produce, como reflujo natural de la fuerza interna e invisible
y se condensa con el movimiento de contracción.
En
el hombre hay dos corrientes: negativa y positiva que están
relacionadas y reguladas por el ritmo que las une como punto
equilibrante.
Las
letras hebraicas que formulan el nombre de Dios Jehová, encierran
cabalísticamente el misterio de la creación por el triángulo. En
hebreo son cuatro letras I-He-O
He.
I
equivale a Diez, número del Creador. Hé
es
cinco, la mitad de 10, que representa la creación en sí misma.
Unido el Creador a su creación ó 10 X 5 se obtiene 1 + 5 = 6 que es
la O
y así tenemos el misterio de la trinidad. El Padre 10 emanó de sí
al hijo 5 o el mundo, y de la relación del 10 con el 5 tenemos el
Espíritu Santo.
El
hombre como divinidad emana y se manifiesta en el cuerpo físico de
cuya unión se expresa la vida.
De
manera que IHéO son tres letras que representan el triángulo de la
trinidad que se halla en toda religión y filosofía bajo diferentes
nombres y que representan al número tres en todo su significado.
Enumeramos algunas. La más simple trinidad es: Padre, Madre, Hijo.
En egipcio: Osiris-Isis-Horus. En la Brahmánica: Nara-Nari-Viraj. En
Caldea: Anu-Nuah-Bel. En el cristianismo la madre desaparece para dar
lugar al Espíritu Santo; pero conserva el culto a la “Madre de
Dios”.
Alquímicamente:
El Azufre, la Sal y el Mercurio son considerados como principios
constitutivos del Universo. Rajas-Tamas-Satva o
actividad-Energía-Ritmo, que corresponde a la fuerza centrífuga -la
fuerza centrípeta-, la fuerza equilibrante.
Brauma,
Vishnu y Shiva de la trinidad Brahmánica. Todos estos nombres que
encontramos en la definición del Ser Supremo, se hacen en el hombre,
el yo, la conciencia individual, la mente o inteligencia y la
voluntad que impulsa el deseo hacia su satisfacción. Estos tres
principios corresponden también a los tres atributos de Dios y del
hombre: Omnipresencia, Omnisciencia y Omnipotencia.
Esta
Trinidad también origina la distinción entre los tres mundos:
exterior, interior y Divino o trascendente que corresponden a las
tres partes del hombre espíritu, alma y cuerpo.
Las
tres columnas simbólicas que sostiene la logia (distintas de las dos
que se encuentran al occidente, y representan las dos partes o
piernas del hombre, como dos polos), representadas igualmente por las
tres luces, constituyen otra interesante trilogía: sabiduría que
corresponde al Venerable Maestro o sea la inteligencia creadora, que
concibe y manifiesta interiormente el plan del gran Arquitecto; la
fuerza, que corresponde al primer Vigilante es la fuerza volitiva que
trata de realizar lo que la primera concibe; y la belleza
representada por el segundo vigilante, estas tres facultades se
hallan dentro del mismo hombre.
Libertad-Igualdad-Fraternidad;
la primera representada emblemáticamente por la plomada, consiste en
la liberación de la ignorancia, del vicio del error, y de las
pasiones que degradan y embrutecen al hombre y lo hacen esclavo de
sus deseos. La igualdad corresponde al nivel que nos enseña la
unidad fundamental de todos los seres con los principios de la
equidad y la justicia. La fraternidad simbolizada por la escuadra es
la unión de los dos principios anteriores que nos hacen concebir que
somos hijos -de un único Padre y de una sola Madre. Sólo el maestro
puede practicar, efectivamente, la fraternidad porque en el grado de
aprendiz se hizo libre, y en el del compañero se hizo justo.
El
ojo en el centro del triángulo es la representación de lo absoluto
dentro y fuera del hombre. Es la unidad que se hizo tres, es el
símbolo del Único Principio, es la Causa sin causa, en sus tres
lados o atributos primordiales, representados por las tres puntas del
triángulo, que tienen también otras significaciones simbólicas al
representar los tres reinos de la Naturaleza: el pasado, el presente
y el porvenir -el nacimiento, la vida y la muerte-, Dios, perfección,
transformación.
En
el fondo del Oriente, a ambos lados del dosel, en lo alto se destacan
a los dos lados del Delta, la luz de la realidad trascendente, las
imágenes de las dos grandes lumbreras del Universo: el sol y la
luna; las dos luminares visibles, que iluminan nuestra tierra son la
manifestación directa y refleja de la luz invisible. El sol está a
la derecha y la luna en su cuarto creciente a la izquierda del
presidente.
Estos
dos símbolos nos enseñan la dualidad de la manifestación. El sol
representa la mente Divina en el hombre que corresponde al cerebro
derecho, padre de toda idea altruista; mientras que la luna, en su
cuarto creciente, demuestra al cerebro izquierdo, al intelecto origen
de todo egoísmo.
Los
dos luminares y las dos columnas que se hallan en el Occidente del
templo, representan los dos principios complementarios, humanizados
en nuestros dos ojos, en la dualidad manifestada en casi todos
nuestros órganos, en los dos lados derecho e izquierdo de nuestro
organismo y en los dos sexos que integran la raza humana y se
reflejan en todos los reinos de la vida y de la Naturaleza:
corresponden a los principios de la Actividad y de la Inercia;
Energía, Materia; Esencia y Sustancia, Azufre y Sal y
metafísicamente corresponden a los dos aspectos masculino y femenino
de la Divinidad; al Padre Madre celeste de todas las religiones.
Todos
estos símbolos se hallan en el mismo cuerpo del hombre, y su
materialización en la logia tiene por objeto obligar al intelecto
que concentre y medite en sí mismo para adquirir el perfecto
conocimiento de sí mismo.
Delante
del trono, y a conveniente distancia, hay un pedestal o ara, llamado
altar de los juramentos.
El
altar es un símbolo antiquísimo en todas las religiones, era
destinado para el sacrificio de los animales durante el servicio
religioso. Los judíos sacrificaban toros y cabras, acto que nos
parece bárbaro, en el día, porque la Biblia dice terminantemente
que Dios no desea sacrificios sino un espíritu humilde y un contrito
corazón, y que para El no tienen placer los sacrificios de sangre;
pero parece que toda religión debía usar, antiguamente, algo de
bárbaro. El hombre antiguo amaba a sus posesiones materiales y no
podía comprender nada del cielo para aspirar a él, así como
actualmente, el hombre dominado por los deseos no puede ni tiene
tiempo de pensar en ideales superiores.
Con
los sacrificios vivientes, los antiguos sentían la pérdida de un
animal cedido por un pecado cometido o una trasgresión de la ley,
como nosotros hoy sentimos los remordimientos de la conciencia por
nuestras malas acciones.
Se
ha dicho antes que “sobre el altar debía arder, permanentemente,
el fuego divino, año tras año, con el más celoso cuidado. Este
fuego consumía el sacrificio, que simbolizaba el dolor y la muerte,
causados por el pecado. El Tabernáculo en el desierto era una sombra
de cosas más grandes que habían de venir, dice San Pablo.
Este
altar con sus sacrificios y la quema de las carnes, debe ser en el
interior del místico. Ningún altar externo puede ayudarnos si no
construimos el tabernáculo y su altar dentro de nuestros propios
corazones y de nuestras mismas conciencias. Cada hombre debe
convertirse en el altar del sacrificio, y al mismo tiempo ser la
hostia u oblación que en él se ofrece y que simboliza el animal que
en el tiempo pasado se inmolaba. Cada hombre debe convertirse en
sacerdote que degüella al animal en él, sacrificarlo y quemarlo.
Cierto es que al principio el humo genera en oscuridad o tinieblas y
su olor es nauseabundo, pero con el perpetuo sacrificio de los
defectos y deseos, llegará el momento en el cual se disipan las
nubes ante el ojo espiritual y el humo nauseabundo se transforma en
humo de incienso y el altar del sacrificio es cambiado por el del
incienso. El incienso es el símbolo del servicio voluntario, o aroma
del servicio. El sacerdote tenía el mandamiento expreso de que nunca
ofrendara un incienso distinto, sobre el Altar de Oro, es decir, que
siempre debía emplear aquella sagrada composición”.
El
altar de los juramentos delante del trono, en la logia, tiene la
forma triangular (aunque afecta otras formas según el rito). Esta
forma representa los tres altares en el tabernáculo símbolo de la
evolución: Altar de bronce o de sacrificio, altar del incienso y el
altar de oro, cuyo simbolismo es el hombre antiguo, el hombre moderno
y el hombre futuro o superhombre.
Sobre
el primer estrado, junto a la balaustrada, a derecha e izquierda del
Ven. M.·. hay dos bufetes en frente el uno del otro para los
hermanos Orador y Secretario.
El
orador en la logia representa el poder del verbo en el hombre. El
objeto del primer grado es el desarrollar este poder en el candito.
El
secretario representa en el hombre la memoria que acumula, ordena y
archiva todo experimento recibido en los mundos del cuerpo.
Sobre
el altar del Venerable se coloca un candelabro con tres bujías
encendidas, una espada, un pequeño mazo llamado mallete, y la carta
o patente constitutiva de la Logia.
El
candelabro con tres bujías encendidas representa en el hombre las
tres luces de la Trinidad. Dios es luz, dice San Juan. Se sabe que la
luz, la cual es Dios, es refractada en tres colores primarios por la
atmósfera que rodea la tierra, cuyos colores son: azul, amarillo y
rojo; así como Dios es refractado en tres atributos o personas, así
también el hombre que es su imagen y semejanza.
El
Rayo del Padre es azul, a la vez el del Hijo es amarillo, así como
el del Espíritu Santo es rojo. En la Naturaleza vemos estos colores
con sus respectivas combinaciones. Así como la luz del candelabro
llena la Logia, la luz de la trinidad debe ser puesta dentro de
nuestros corazones para que nos guíe. La llama sagrada de la
Divinidad interna debe morar en nuestra propia conciencia, en el
cuerpo templo de Dios y sobre nuestro altar que es el corazón.
La
Espada es el poder del verbo o de la verdad Intuitiva es el poder de
la voluntad educada. El mallete simboliza la fuerza de la voluntad
del hombre.
La
carta constitutiva de la Logia nos indica la sucesión de la verdad
en el hombre.
Sobre
el altar de los juramentos son puestos el libro de la ley (aunque
esto no es general en todos los ritos), un compás y una escuadra
entrelazados.
El
libro simboliza la Palabra Divina, el Verbo o Verdad suprema, escrita
en nuestro corazón, en nuestro archivo de la memoria; es la ley
natural de la cual habla San Pablo. El compás representa un ángulo
en la cual dos líneas distintas parten de un punto y cuanto más se
alejan de su origen más se separan. Es la dualidad en el hombre:
espíritu, materia. El punto central de la unión corresponde al
Oriente o sea al mundo de la verdad, de la realidad, la fuente de la
creación que permanece eternamente y en estado de Unidad invisible;
la parte opuesta al punto, es la irrealidad, la materia, el
occidente; es la misma realidad dividida en dos principios o columnas
distintas.
Entonces
el punto central del compás es la unión del espíritu del hombre
con el espíritu Divino. Es la Realidad que se manifestó en
apariencia. Es el Ser que adquirió forma. Es el Espíritu que se
vistió de materia.
Ahora
toca al hombre forma, realizar por medio de la iniciación; ir
dentro, o progresar caminando en sentido inverso, desde el occidente
al oriente, espiritualizar su materia, o sea desde los extremos del
ángulo, remontando a su origen. También el compás representa el
cielo, la Divinidad, el Espíritu entrelazado con la tierra, la
humanidad y la materia. Lo superior se une a lo inferior. El Verbo es
hecho carne.
La
escuadra es el inverso del compás.
Si
el compás representa al Espíritu manifestado en la materia, en el
cuerpo, la escuadra, cuyo punto central es hacia abajo y sus dos
ángulos se elevan hacia el cielo, representa al hombre inferior que
por ser dominado por lo superior se eleva nuevamente a su origen, al
cielo.
El
compás es la intuición y la escuadra es la razón. El compás es la
sabiduría interna y la escuadra es el conocimiento externo, pero
ambos son necesarios para el hombre en el mundo físico.
Entonces
la escuadra y el compás, abiertos y entrelazados cerca del libro de
la ley, o Palabra Divina, son los instrumentos simbólicos que nos
sirven para interpretarla y usarla constructivamente.
En
ambos lados Norte y Sur hay los asientos respectivamente de los
aprendices, de los compañeros y de los Maestros: los primeros tienen
que colocarse en la región obscura porque no pueden soportar la luz
plena del Mediodía, en donde se hallan los compañeros y los
maestros, respectivamente del lado del occidente y del oriente,
trabajan provechosamente, los primeros ayudando a los últimos.
Al
occidente se halla la puerta de entrada, a la cual hay un asiento y
una espada flamígera para el Guarda-templo interno. Para comprender
este símbolo, tenemos que repasar ciertos versículos del capítulo
III del Génesis.
Versículo
21: Hizo también el Señor Dios a Adán y a su mujer túnicas de
pieles, y vistiólos:
22:
Y dijo: He aquí, Adán, cómo se ha hecho uno de nos, sabiendo el
bien y el mal: ahora pues, porque no alargue quizá su mano, y tome
también del árbol de la vida y coma, y viva para siempre.
23:
Y echóle el Señor Dios del Paraíso del deleite, para que labrase
la tierra, de la que fue tomado.
24:
Y echó fuera a Adán, y delante del Paraíso puso Querubines, y
espada que arrojaba llamas, y andaba alrededor para guardar el camino
del árbol de la vida.
Antiguamente
el hombre, en el Paraíso, en el estado edénico, representaba la
fase celestial de la conciencia impersonal o el estado de su unión
con su Padre Dios que era en su interior. Vivía en la tierra; pero
como centró su atención en el mundo espiritual, se retenía en
aquel estado moral sin comprender nada de las influencias externas;
no se cuidaba de su misión terrestre. Entonces la sabiduría Divina
despertó en él la Serpiente, el principio negativo en su mente que
generó el deseo, que debería suministrar el motivo y el poder para
la completa expresión Divina en la tierra o cuerpo.
Entonces
el hombre gustó y comió del fruto del llamado árbol del
conocimiento del bien y del mal y por ello obtuvo la experiencia y el
conveniente discernimiento, adquiriendo así el poder de usar el
conocimiento, que por el cual Dios dijo: He aquí, Adán, cómo se ha
hecho uno de nos; porque al comer por primera vez de éste fruto
aprendió a conocer el bien y el mal por experiencia; entonces
conoció el nuevo y atrayente mundo físico, murió al conocimiento
de la verdad que está en él, sintió que estaba desnudo de la
realidad y se sintió temeroso.
El
deseo en el mundo de los deseos era necesario para crear un cuerpo y
desarrollar en el una, conciencia de sí, con objeto de expresar la
personalidad. Se llenó poco a poco de deseos, de esperanzas, de
ambiciones, aspiraciones y con todas las varias manifestaciones del
deseo, atributos de las fases personales para poder expresarse. En
este estado fue arrojado del Paraíso, del jardín del Edén o del
Estado edénico espiritual, y fue vestido con un “traje de piel”
o, en otras palabras, con carne, lo mismo que los demás animales,
para poder completar su experiencia y su perfección; tenía que
tener un organismo, y una cubierta apropiada al estado en que tenía
que manifestarse.
En
lo impersonal, en el Estado edénico, no había necesidad de los
sentidos, ni tener una forma externa; pero en el estado terrestre
fueron necesarios los cinco sentidos para la expresión y para
comprender lo que se expresaba. Desde que el hombre tuvo sus deseos
comenzó a (aumentar y multiplicarse). Y así, por medio del deseo se
formarán todas las manifestaciones y las varias lenguas de la tierra
y todas son hijas del deseo, en la mente humana, de expresar en
términos terrestres con infinitas fases. Pero mientras más lucha la
mente para expresar en palabras o dar forma a la idea Divina, más
grande fue su fracaso. Mientras moraba el hombre en el Estado
Impersonal llamado el jardín de Edén, y antes de entrar en su
misión terrestre, crecía el árbol cuyo fruto se llamaba el
conocimiento del bien y del mal. En aquel estado carecía de deseos,
porque no había gustado de este fruto. Pero una vez que cedió al
deseo y comió del fruto del deseo tuvo que salir del Paraíso y cayó
en el pecado llamado original. Al salir del Edén espiritual y entrar
al mundo material se encontraba rodeado por condiciones nuevas y
extrañas, porque en vez de tener dominio sobre los reinos inferiores
que le suministraban cuanto necesitaba, tuvo que arar la tierra y
labrarla para ganar su pan con el sudor de su frente.
Esta
caída, y esta salida de su estado impersonal le entregaron
completamente a la fascinación. Quedó solamente, el deseo como
único guía. El hombre se ha vuelto incapaz de ver la realidad o el
alma de las cosas, porque se había puesto un cuerpo físico con un
cerebro humano, el que estando influido por el deseo, obró como un
velo para su conciencia Divina, oscureció su vista interna y
entenebreció su mente, que la luz de la verdad no pudo penetrar y
llegar hasta el y por eso todo fue falsamente coloreado para su
entendimiento mental.
Este
velo qué cubre la realidad, la luz interna, fue llamado por los
ocultistas y masones, cuerpo de deseo, cuerpo astral, guardián del
umbral, fantasma del umbral y varios otros nombres, que impide al
intelecto que entre al santuario, o la logia, espantándolo con la
espada flamígera de luz y fuego de la verdad. Pero no debemos
adelantarnos en descifrar el simbolismo antes de terminar la
explicación del Génesis.
El
hombre al ver todas las cosas, oscurecidas por el deseo y esa
oscuridad le conducía al error, al sufrimiento, al dolor, se
despertó en él la añoranza a su estado Edénico; porque su mente
le engañaba en cada ,momento, puesto que era como un
lente imperfecto, dislocaba y alteraba todo; la luz de la verdad era
para él una neblina o un espejismo.
El
intelecto formó el cuerpo de deseos, que interpreta y representa
falsamente, a la conciencia, toda imagen, idea e impulso inspirado
por el Yo Soy interno, y atraía de afuera todas las impresiones.
Y
cuando esas falsas visiones, inspiradas por el deseo, causaron muchas
caídas y muchos trastornos y sufrimientos, el hombre, gradualmente,
perdió la confianza en sí mismo -en el Yo Soy Interno- y comenzó a
buscar algún amparo, y centrar sus esperanzas en algún Maestro, o
santo para librarse de sus sufrimientos.
Estos
disgustos, errores y sufrimientos fueron llamados: EL MAL.
Pero
cuando el deseo no causa ningún sufrimiento, entonces es llamado EL
BIEN.
Experiencias
malas o buenas no son más que incidentes creados por el deseo, para
despertar en el hombre ciertas facultades que le permitirán
reconocer la Verdad que está en él y dentro de el.
El
mal no es más que el aspecto positivo del Fruto del deseo que
fascina la vista física, y por la dulzura del primer bocado, que
incita a la saciedad, produce efectos dañinos que se manifiestan y
se convierten en una maldición, trayendo una desilusión final. En
este estado, vuelve el hombre avergonzado, y humillado al verdadero
ser, dentro de sí, mediante la nueva conciencia, así despertada;
entonces comenzará el hombre a pensar como el hijo pródigo, en
volver a su Padre y pedirle perdón; a entrar nuevamente a su
interior; a ser admitido como neófito en la logia, cuyo símbolo,
como hemos dicho anteriormente, es el Paraíso, el Estado Edénico,
el estado espiritual, el templo (le Dios; el corazón; el Reino del
cielo.
Durante
edades, el intelecto vivía del fruto del llamado árbol del
conocimiento; durante edades el hombre externo sufría y gozaba por
las consecuencias que causaban en él sus frutos llamados en términos
relativos: Bien y Mal, según los diferentes puntos de observación;
pero en realidad no son más que dos aspectos externos de una verdad
interna y central.
Cuando
la conciencia, acrisolada con el fuego de los sinnúmeros de
sufrimientos y dolores, año tras año, vida tras vida, siglo tras
siglo, entonces empezó a despertar, a ver y comprender que se había
alejado mucho del Padre interno; del centro de la vida, simbolizado
físicamente por la logia. Cansado y sufrido por la separación de la
Única y sola Realidad Interna, entonces anhela la vuelta al lugar
paterno, se desnuda tomó el neófito del uso exterior y de todo lo
que pueda distraerle en el mundo físico; se presenta ciego de
ignorancia ante el Templo para recuperar nuevamente, su puesto
perdido por medio de la iniciación interna.
Pero
para obtener y recuperar lo perdido, por causa de sus deseos, tiene
que vencer muchas dificultades, entre ellas es el Querube con la
espada que despide llamas, el fantasma del umbral, el Guardián del
Templo, el cuerpo de deseos. Todos estos nombres designan a la
conciencia, aquel atributo en el hombre que desempeña el papel de
juez y fiscal al mismo tiempo.
Aquel
severo juez interno, cuya sentencia no admite apelación alguna, que
aleja del paraíso, del Estado edénico al intelecto y los sentidos
impregnados por los malos deseos. Este guardián del Templo Interno
no permite la entrada sino a aquellos que han sufrido la muerte
iniciática despojándose de todo deseo y sentido externo para librar
al espíritu de las cadenas terrestres.
A
ambos lados de esta puerta, unos tres pasos hacia el frente, se
levantan dos columnas aisladas, de orden Corinto, cuyos capiteles se
hallan coronados, por tres granadas entreabiertas, distinguiéndose
cada una de dichas columnas por un nombre misterioso, cuya inicial
(J.·. y B.·.) llevan esculpida en el fuste. Estas dos columnas del
Templo de la Sabiduría, que es el hombre, son el símbolo del
aspecto dual de toda nuestra experiencia en el mundo terrestre. Es la
dualidad de nuestros órganos. Son los dos lados derecho e izquierdo
de nuestro cuerpo, son los dos sexos, son los dos principios
positivos y negativos que integran al hombre; son por fin Actividad,
Inercia-Espíritu, Materia-Esencia, Sustancia-Azufre y Sal
representados en el cuarto de reflexión.
El
aspecto dual del Universo y del mismo Primer Principio que lo origina
se encuentra, en las (los columnas al occidente y al ingreso del
Templo Místico, es necesario que este aspecto sea superado.
Al
oriente las dos columnas, representadas por el sol, y la luna, se
unifican en el Delta, como hemos visto anteriormente. Lo que llama la
atención en ciertas logias y ritos, es la variada colocación de
estas dos columnas; mientras unos colocan la columna J.·. a la
derecha otros la sitúan a la izquierda y viceversa.
A
pesar de nuestro profundo respeto a las ideas ajenas; no podemos
quedarnos callados sobre el particular:
Hemos
visto que las dos columnas representan los dos principios: positivo o
activo y negativo o positivo; pero ¿Cuál es el lado positivo y cuál
es el lado negativo en el hombre? Todo ocultista sabe que el derecho
es el positivo y el izquierdo es el negativo. Las mismas iniciales
J.·.y B.·. indican claramente en la cábala los dos principios.
J.·. tiene el mismo valor que Yod simboliza el hombre, el positivo,
el activo; mientras que B.·. es la mujer el agente negativo, el
pasivo. De esto se deduce que la columna J.·. debe ser siempre a la
derecha del recipiendario y B.·. a su izquierda.
Inmediato
a estas columnas, al extremo occidental de los lados del Norte y del
Sur del Templo, se colocan, sobre un pequeño estrado, el bufete y el
sitial para los Vigilantes, con un pequeño mazo (mallete) de encima.
La
situación de los Vigilantes varía también según los ritos. En el
Rito francés el Primer Vigilante se coloca junto a la columna B.·.
y el Segundo Vigilante junto a la columna J.·. mientras que en el
Rito escocés el Primer Vigilante tiene su asiento junto a la columna
J.. y el Segundo Vigilante en muchos templos se coloca vis a vis del
primero, junto a la columna B.·..
Los
dos vigilantes del Templo, o del cuerpo, como ya hemos dicho en otra
parte, representan con el Venerable los tres atributos de la
Divinidad: Omnisciencia, Omnipotencia y Omnipresencia. Son las tres
grandes columnas que sostienen a la Logia (distintas de las dos que
se encuentran al Occidente) o los tres atributos y poderes que
sostienen al cuerpo humano: Sabiduría, Firmeza y Belleza. Entonces
los dos Vigilantes son los dos ángulos del Triángulo que forma el
cuerpo humano. El Ven.·. el primero y el Seg.·. Vig.·. se sientan
respectivamente al Oriente, al Occidente y al Mediodía, es decir, en
donde se manifiestan respectivamente las tres cualidades.
A
ambos lados, a lo largo del templo, de Oriente a Occidente, hay una o
más filas de asientos, a las que se da el nombre de columnas. Los
asientos de la izquierda forman la columna del Norte, que está
destinada a los Aprendices y los Compañeros; los asientos de la
derecha constituyen la columna del Sur o el Mediodía y ésta es la
de los Maestros.
En
otra ocasión se ha dicho que el lado izquierdo y el cerebro
izquierdo constituye la parte negativa en el cuerpo humano. Es en el
cerebro izquierdo donde se alojan las ideas negativas y los átomos
del mal donde están en pugna con los que llamamos bien. La trilogía
cuerpo, encierra a ambos principios y los átomos negativos
representan a los aprendices que tienen cine sentarse en la región
menos iluminada por el sol, por ser todavía incapaces de afrontar la
plena luz del Mediodía, en donde se colocan los maestros que guían
a los primeros.
Al
extremo oriental de la columna del Mediodía, se halla el bufete del
honorable Tesorero, y frente a éste en el lado opuesto
correspondiente a la columna del Norte, tiene el suyo el H.
Hospitalario. El Tesorero representa en el hombre lo que llaman los
ocultistas cuerpo causal; átomo simiente, memoria que reúne el
fruto de la acción, mientras que el Hospitalario es aquella facultad
del hombre que representa la fraternidad y la caridad.
E’,
altar del Venerable Presidente y los bufetes de los vigilantes, y en
muchas logias también el de los demás oficiales, se hallan cubierLa
iluminación (le los templos suele ser espléndida por lo general,
sin que respecto a este particular pueda decirse que se siga ninguna
regla fija. El ritual prescribe que en todo templo deben destacarse
tres luces de obligación, colocadas una al Este de las gradas del
Oriente; la segunda junto al Primer Vigilante, y la tercera al
SurEste cuadro es el símbolo de nuestro cuerpo y representa
gráficamente, para ayudar a la comprensión, los misterios que se
encierran en nosotros. El cuadro representa:
1º
Las siete gradas del Templo y el pavimento del mosaico.
2º
Las dos columnas de la Orden con el monograma de su nombre J.·. y B
.·. y entre éstas, a la altura de los capiteles, un compás abierto
con las puntas hacia arriba.
3º
Sobre la columna J.·. la plomada y sobre la columna B.·. el nivel.
La plomada representa el progreso individual desde abajo hacía
arriba, y el nivel representa la línea recta que es la relación no
interrumpida entre los dos infinitos, es decir, que los pensamientos,
aspiraciones y acciones del hombre, deben ser modelados sobre una
línea recta, en sentido opuesto a la gravedad de las tendencias
inferiores.
4º
A la izquierda de la Columna J.·. la piedra tosca o en bruto,
símbolo del cuerpo material del hombre, que no obtuvo ningún
conocimiento, a la derecha de la columna B.·. la piedra cúbica
piramidal o puntiaguda, que representa al hombre perfecto, o aquel
que trabaja en la perfección de sí mismo. Entre ambas columnas la
puerta del templo.
5º
Al pie del cuadro una plancha de trazar (tablero o pizarra) y en la
parte superior una escuadra, en el centro con la imagen del Sol a la
derecha, y la de la Luna, en cuarto creciente, a la izquierda.
6º
Tres ventanas, una al Occidente, otra al Oriente y la tercera al
mediodía. En otras logias el templo no tiene ventanas: esto
significa que no recibe luz desde el exterior, sino desde el
interior. Por esta razón tiene que clausurarse herméticamente al
mundo profano, y su puerta está vigilada constantemente por el
Guardatemplo, armado de espada, símbolo de la vigilancia que
constantemente debemos ejercer sobre todos nuestros pensamientos, p
abras y acciones, para hacer de ellos un uso constructivo y progresar
continuamente en el sendero de la Verdad y la Virtud
7º
En el fondo, el cielo tachonado de estrellas y todo el cuadro está
circuido por el cordón anudado que prescriben los rituales. Todos
estos símbolos fueron explicados anteriormente.
Iniciación
del Primer Grado
El
lector no debe olvidar el íntimo significado y el valor de cada uno
de los símbolos que hemos encontrado en el templo masónico y su
estrecha relación con el cuerpo físico y el hombre en general. Por
medio de este estudio veremos cómo las características
fundamentales de la masonería expresadas en el simbolismo y la
ceremonia de recepción del primer grado del aprendiz, no son más
que una copia fiel y exacta de lo que acaece invisiblemente en el
misterioso ser llamado HOMBRE.
Significado
de la Iniciación
En
otro lugar se ha dicho que la palabra iniciación es derivada del
latín INITIARE, y tiene la misma etimología de INITIUM “inicio o
comienzo”, viniendo las dos de INIRE “ir dentro o ingresar”.
Entonces la palabra INICIACION tiene el doble sentido de “COMENZAR
O IR DENTRO”.
En
otras palabras, iniciación es el esfuerzo que realiza el hombre para
ingresar nuevamente, para ir dentro de sí mismo, en busca de las
verdades eternas que nunca fueron sacadas a la luz, al mundo externo.
Iniciación es equivalente a religión de RE-LIGARE: ligarse
nuevamente; es la vuelta del hijo pródigo, al seno de su Padre,
después de haber errado largo tiempo en el mundo material, sufriendo
miserias y hambres.
El
iniciado es el ser que conoció su error y volvió a ingresarse al
interior de su casa paterna; mientras que el profano queda fuera del
templo de la Sabiduría lejos del real conocimiento de la verdad y la
virtud, siguiendo la satisfacción de sus sentidos externos.
Así
pues este Ingreso (INICIACION) no es, ni puede considerarse
únicamente como material, ni es la aceptación de una determinada
asociación, sino como ingreso a un nuevo estado de conciencia, a una
manera de ser interior, de la cual la vida exterior es un efecto, y
consecuencia. Es el renacimiento indicado por el Evangelio; es la
transmutación del íntimo estado del hombre, para efectivamente
iniciarse o ingresar, en una nueva vida que caracteriza al verdadero
INICIADO, y no como se suponen muchos que pueden llamarse iniciados
desde el momento que comienza su Iniciación. La Iniciación es el
renacimiento iniciático, o sea, la negación de los vicios, errores
e ilusiones que constituyen los metales groseros o cualidades
inferiores de la personalidad, para la afirmación de la Verdad, de
la Virtud y de la Realidad, que constituye el Oro puro de la
Individualidad, la perfección del Espíritu que se expresa en
nosotros a través de nuestros ideales elevados. Todo hombre de buena
voluntad, bueno y santo es el verdadero Iniciado, sin tener necesidad
de pertenecer a una Orden externa; puesto que es un miembro de la
FRATERNIDAD BLANCA SUBJETIVA.
El
cuarto de reflexión
Toda
logia debe tener un local especial llamado cuarto de reflexión.
Todo
hombre al cerrar los ojos, se halla en su cuarto de reflexión, con
su aislamiento, y la oscuridad que representa, es el período de las
tinieblas de la materia física que rodean al alma para su completa
maduración. El cuarto oscuro de la reflexión es el símbolo del
estado de conciencia del profano que anda, en las tinieblas y, por
esta razón se encuentran en el los emblemas de la muerte y una
lámpara sepulcral. En este local, pintado de negro, figurando una
catacumba, rodeado de los símbolos de la destrucción y de la
muerte, se coloca un taburete y una mesa cubierta con tapete blanco,
sobre la cual hay una calavera (muerte), algunos mendrugos de pan
(insignificancia que tratan de obtener los cinco sentidos), un plato
de ceniza (el fin de la materia); un reloj de agua (el corredor del
tiempo que lo envuelve todo); un gallo (el deber de ser vigilante y
alerta), un tintero, plumas y algunas hojas de papel para escribir su
testamento; cuyo significado será explicado en otro lugar.
El
recinto se halla alumbrado por la débil luz que despide la lámpara
sepulcral (lámpara de los conocimientos físicos adquiridos por la
mente carnal); en uno de los ángulos se ve un ataúd junto a una
fosa abierta, o un hipogeo abierto también, en una de las paredes,
dejando ver a un cadáver amortajado (como debe el iniciado
contemplar a su cuerpo físico). El cuarto de reflexión significa
aquella crisis, aquella lucha entre el cuerpo y sus deseos con el
espíritu y sus ideales; este cuarto negro y oscuro es el mismo
cuerpo que sirve de prisión, de tumba y de ataúd al verdadero Ser
Interior. Por esta razón, cerca de los emblemas de la muerte se
hallan también, ciertas inscripciones en las paredes cuyo objeto es
levantar la fuerza y desarrollar la voluntad en el neófito.
Al
ingresar a este cuarto el candidato tiene que despojarse de los
metales, tiene que volver a su estado de pobreza edénica, la
desnudez adánica, antes de cubrirse con la piel de todas aquellas
adquisiciones, que le fueron útiles hasta ahora para llegar a su
estado actual y que son obstáculos para volver a su estado
primitivo. Debe apartar todo deseo, ambición, codicia en los valores
externos, para conocerse a sí mismo; entonces, en su interior,
hallará los verdaderos valores espirituales. Dinero, bienes,
ciencias, son vanidades ante el conocimiento de sí mismo.
El
candidato debe ser libre y despojado de los metales: cualidades
inferiores, vicios y pasiones de su intelecto, de sus creencias y
prejuicios; debe aprender a pensar por sí mismo y no seguir, como
ciego, el conocimiento y creencias de otros; por último el cuarto de
reflexión significa el aislamiento del mundo exterior para poder
concentrar en el estado íntimo; en el mundo interior a donde deben
ser dirigidos nuestros esfuerzos para llegar a la Realidad. Es el
“conócete a ti mismo” de los iniciados griegos.
Es
la fórmula hermética que dice: “Visita el interior de la tierra:
rectificando encontrarás la piedra escondida”. Es decir, desciende
en las profundidades del ser y encontrarás la piedra filosofal que
constituye el secreto de los sabios.
Así
como los huesos e imágenes de la muerte que se hallan representados
en las paredes del cuarto, indican la muerte simbólica del neófito,
para renacer en el mundo del espíritu e indica la muerte aparente de
la verdad en el mundo externo; así también las inscripciones que
cubren las paredes del cuarto indican los consejos del Ser interno,
que tienen por objeto guiar al hombre a la verdad y al Poder.
Estas
inscripciones son varias, citaremos algunas de ellas:
“Si
una vana curiosidad te conduce aquí, márchate.’
“Si
rindes homenaje a las distinciones humanas, vete, porque aquí no te
conocen.”
“Si
temes que te echen en cara tus defectos, no sigas adelante.”
“Espera
y cree… Porque entrever y comprender el infinito, es marchar hacia
la perfección.”
“Ama
a los buenos; compadece y ayuda a los débiles; huye de los
embusteros, y no odies a nadie.”
“El
hombre más perfecto, es aquel que es más útil a sus hermanos.”
“No
juzgues ligeramente, las acciones de los hombres, alaba poco, adula
menos y no censures ni critiques nunca.”
“Lee
y aprovecha; mira e imita; reflexiona y trabaja; procura ser útil a
tus hermanos y trabajarás para ti mismo.” “Piensa siempre que
del polvo naciste y en polvo te convertirás.”
“Naciste
para morir.” Etc., etc., etc….
Todos
estos consejos en el cuarto de reflexión y las demás figuras
tétricas nos demuestran que dentro del hombre se hallan la muerte y
la vida, el dolor y la dicha; el engaño y la iluminación; mientras
que los cinco sentidos ofrecen la muerte, el espíritu depara la vida
eterna.
El
grano de trigo
El
candidato a la perfección tiene que pasar por cuatro pruebas, a
saber: las de la tierra, agua, aire y fuego. Esto quiere decir que
debe triunfar sobre los cuatro cuerpos o cuatro elementos que
componen su ser físico, para poder llegar a la Divinidad; a su
debido tiempo serán explicados.
El
cuarto de reflexión es la prueba de la tierra. Entre los objetos que
se encuentran en aquel cuarto es el grano de trigo. El iniciado es
simbolizado en el grano de trigo, echado y sepultado en el suelo para
que germinara y se abriera, con el propio esfuerzo, su camino hacia
la luz. El Espíritu en el está sepultado como el grano de trigo; el
Yo Soy está preso en el cuerpo y está esperando despertarse y
manifestarse a la luz del Día del Señor. Así como la semilla
germina el ser, echada en la tierra, después de una muerte aparente,
así también el hombre, comparado a la tierra, se halla en él
latente el Espíritu divino en espera de manifestación perfecta; la
semilla mora un tiempo en el seno de la tierra, para germinar; el
hombre debe aprender del grano de trigo, a concentrarse en el
silencio del alma, aislándose de todas las influencias exteriores, y
morir para sus defectos e imperfecciones, a fin de germinar y
manifestarse a la nueva vida.
El
pan y el agua
Estas
se encuentran en la mesa del cuarto y son la continuación del
símbolo anterior; así como el labrador siembra, riega, cuida,
cosecha, muele, amasa para formar del trigo un pan; así el iniciado
debe imitar el mismo ejemplo del labrador, en su propio cuerpo, debe
de educarle, limpiarle, formarle y presentarle como el pan de
sacrificio y decir como el Divino Maestro: Este es mi cuerpo,
comedlo.
La
sal y el azufre
Otros
dos elementos se encuentran en el cuarto de reflexión: dos saleros,
respectivamente con sal y azufre.
Ya
se ha dicho antes que el azufre es símbolo de la energía activa, el
principio Creador. La sal muestra la energía pasiva, femenina o
maternidad. Estos principios corresponden a las dos columnas; a los
dos polos del cuerpo humano y a los dos primeros grados de la
masonería.
Sal
y Azufre son las dos polaridades en el individuo: espiritual y
material; expansión y gravedad. El candidato debe encontrar el
equilibrio, un equilibrio muy distinto del que prevalece en el mundo
profano, es un equilibrio entre el esfuerzo y la vigilancia, en el
mundo interno del Espíritu, para poder manifestarlo en el externo.
El esfuerzo vigilante y la firmeza perseverante son las dos
cualidades que ‘necesita el futuro iniciado; este símbolo se
completa también con la figura del gallo y la clepsidra o reloj de
agua; representan la Vida del Espíritu que domina al tiempo y a la
destrucción de toda forma exterior.
El
testamento
En
el cuarto de reflexión el candidato debe hacer su testamento. Este
testamento difiere del testamento profano en que éste último es una
preparación para la muerte eterna, mientras que la primera es la
preparación para la vida nueva; porque la muerte ya no es fin para
el iniciado, sino el principio de la vida y el mismo candidato será
el ejecutor. . El que debe morir para sus pasiones y deseos bajos,
hace testamentos como el muerto profano y, al morir para sus pasiones
físicas, renace a la nueva vida en donde debe cumplir sus deberes
para con Dios, para consigo mismo y para con sus semejantes: tres
preguntas que se hallan en el testamento.
Preparación
Antes
de ser admitido en el Templo interior, representado por el Templo
exterior enLa venda es el estado de ignorancia o ceguera en el mundo
profano; en el cuerpo físico, ceguera de los sentidos. La cuerda es
el estado de esclavitud a las pasiones; también nos recuerda el
cordón umbilical del feto en el vientre de la madre, un ser sin
individualidad. La desnudez del corazón de todo prejuicio, odio y
convencionalismo, que impide la sincera manifestación de los
sentimientos. La desnudez de la rodilla derecha simboliza la
vanagloria, el orgullo intelectual que impide la genuflexión o la
inclinación de la rodilla ante el altar de la VERDAD. La desnudez
del pie izquierdo es la marcha en el sendero, la marcha hacia el
templo para llamar a su puerta en busca de luz y de Verdad.
La
puerta del Templo
La
puerta es el símbolo del paso o ingreso. La puerta del templo es la
primera estancia en la iniciación interna; para aprender los
misterios del espíritu, se debe entrar al templo interior en donde
están los ocultos tesoros.
El
neófito golpea la puerta del templo tres veces de manera
desordenada; quiere entrar, pero no sabe cómo, es inexperto; aunque
el templo Interior está abierto siempre para aquellos que buscan la
verdad y piden luz. El Cristo está esperando a aquel que toca la
puerta del templo para abrir.
Entrar
al Templo con los ojos vendados nos sirve para indicar que en el
Templo de la sabiduría no pueden servir los sentidos, y que la luz
del saber interno es sentida y no vista.
El
Guía que conduce al neófito al templo, representa al guía interior
que conduce individualmente a todo ser que ansía ir en el camino de
la verdad, sin el cual le sería imposible al candidato llenar
debidamente las condiciones que se le piden para su iniciación.
Es
el Guía que contesta a las preguntas dirigidas desde el interior del
templo. “¿Quién es el temerario que se atreve a perturbar
nuestros pacíficos trabajos y trata de forzar la puerta del templo o
el PORTAL DE HOMBRE?” Contestando: “Es un profano deseoso de
conocerla luz verdadera de la Masonería y que la solicita
humildemente por haber nacido libre y de buenas costumbres.”
El
significado iniciático de esta respuesta es de fundamental
importancia: Nadie puede entrar al Templo de la sabiduría si no
tiene el firme deseo de conocer la Verdad, hay que solicitar el
ingreso con humildad, convencido de su ignorancia y su flaqueza, debe
ser también libre de todo prejuicio filosófico, religioso y social
porque el orgulloso de su saber humano e intelectual nunca puede ser
admitido en el templo interno y por fin debe ser de buenas
costumbres, porque las malas costumbres son barreras infranqueables
para el adelanto espiritual.
La
punta de la espada, apoyada sobre el corazón, es el símbolo del
Poder del Verbo y de la Verdad Intuitiva que se manifiesta en lo
íntimo de nuestro ser, y si los ojos no pueden ver sin embargo, el
sentimiento de la verdad siempre existe. También tiene el
significado de que si el candidato entra al Templo del Saber por
curiosidad o para la adquisición de poderes, la espada flamígera de
la verdad le aniquila.
Interrogatorio
del candidato
El
interrogatorio del candidato, al ingresar al Templo, es el examen de
sus meditaciones en el cuarto de la reflexión. ¿Cuáles son sus
deberes hacia Dios, hacia sí mismo y hacia la humanidad?
¿Cuáles
son sus ideas sobre el vicio y la virtud?
Estas
preguntas son la explicación de lo que contestó el Guía por el
candidato. El vicio es la esclavitud, la cadena que obstaculiza al
hombre, y siendo esclavo de su vicio “NO PUEDE SER LIBRE Y DE
BUENAS COSTUMBRES”; entonces debe convertirse en virtuoso.
La
virtud de VIR, Vira Viril: Fuerza, virilidad, poder en el sentido
moral del hombre que, por medio de sus “esfuerzos personales”
domina los vicios o debilidades.
El
verdadero masón es aquel que establece el dominio de lo Superior
sobre lo inferior, he aquí el programa de todo iniciado en la Verdad
y en la Virtud.
El
primer viaje
El
viaje significa el esfuerzo que hace un hombre para adquirir su
objeto.
En
la ceremonia del primer grado debe el candidato realizar tres viajes:
el primero está lleno de dificultades y se presenta con muchos
peligros y ruidos; representa la prueba del agua o la dominación del
cuerpo de deseos y su purificación. El Guía o Cristo le enseña lo
bueno y lo verdadero, y el candidato debe ser dócil a sus
insinuaciones e instrucciones. La dirección de este viaje es de
occidente a oriente por el lado Norte. El Occidente es el mundo
sensible y material; es la parte inferior del cuerpo humano en donde
residen los fenómenos objetivos del universo; la Verdadera Luz se
halla en el puesta, como cuando se pone el Sol; se halla Velada como
Isis y el Iniciado debe revelarla por sus esfuerzos.
La
realidad y la Luz nacen en el Oriente o cabeza del Hombre, es allí
en donde brilla con todo resplandor.
El
viaje comienza desde el occidente, es decir, desde su conocimiento
objetivo de la realidad exterior, el hombre se encamina por la oscura
noche del Norte en busca de la VERDADERA LUZ en el oriente; no deben
asustarle la oscuridad, ni las dificultades que encuentre en su
camino para llegar a la LUZ. Una vez que llega al Oriente, mundo de
la luz, no debe detenerse allí sino debe regresar al Occidente con
la conciencia iluminada que le permite enfrentarse, con más
serenidad, con las dificultades y prejuicios del mundo, que ya no
tienen poder para hacerle desviar de su camino, porque ha purificado
su cuerpo de deseos y dominó sus pasiones por el reconocimiento de
la verdad. También tiene otro significado: Una vez que el candidato
se halla iluminado, no debe guardar su iluminación para sí, sino
debe instruir e iluminar a los demás que se encuentran todavía en
el Occidente o mundo material.
El
segundo viaje
Ya
se ha dicho que el cuarto de reflexión representa la prueba de la
tierra o el dominio del mundo físico; el primer viaje es el dominio
del mundo de deseos, ahora el segundo viaje representa y simboliza el
triunfo sobre el cuerpo mental o mundo mental.
Este
segundo viaje es más fácil que el primero; ya no hay obstáculos
violentos. El esfuerzo hecho en el primero nos enseñó cómo superar
las dificultades que se encuentran en el camino de la evolución, una
vez dominados nuestros deseos.
El
choque de espada que se oye durante este viaje es el emblema de
luchas que se desarrollan alrededor del iniciado. Es la lucha
individual consigo mismo para dominar su mente elaboradora de los
pensamientos negativos. Es el segundo esfuerzo para encauzar la vida
en armonía de los Ideales elevados. Es el bautismo del agua
practicado por las religiones; es la negación de lo negativo; es la
preparación para recibir el BAUTISMO DEL FUEGO o del ESPIRITU SANTO
o sea la afirmación en lo positivo.
El
Bautismo del Agua, objeto del segundo viaje, es la purificación de
la mente y de la imaginación, de sus errores y de sus defectos.
El
tercer viaje
El
tercer viaje representa el Bautismo del Fuego y se cumple todavía
con más facilidad que los precedentes, habiendo desaparecidos los
obstáculos y ruidos, sólo se oye una música profunda y armoniosa.
Dominando
y purificando la parte negativa de su naturaleza que causaba
dificultades, el iniciado se familiariza con la energía positiva del
fuego, es decir, llega a ser consciente del Poder Infinito del
Espíritu que se halla en sí mismo. Es el DESCENSO DEL ESPIRITU
SANTO EN LENGUAS DE FUEGO que depura toda traza de errores que
dominaban al alma.
Es
la prueba del fuego en las antiguas iniciaciones, el elemento más
sutil, del cual nacen todas las cosas y en el cual todas se
disuelven. Es el dominio del mundo DEL ESPIRITU DE VIDA cuyos
linderos tocan el mundo DIVINO.
El
descenso del Espíritu sobre el iniciado, con su fuego, hace
desaparecer las tinieblas de los sentidos y con ella toda duda y
vacilación, dándole esta SERENIDAD IMPERTURBABLE, en la cual el
alma descansa para siempre al abrigo de todas las influencias,
tempestades y luchas exteriores.
Este
fuego es la esencia del AMOR INFINITO, IMPERSONAL, libre de todo
deseo, impulso personal que da el poder al INICIADO de obrar
milagros, porque se convierta en él en FE ILUMINADA y en Fuerza
Ilimitada por haber franqueado por todos los límites de la Ilusión.
El
cáliz de amargura
Dominados
los cuatro elementos o Cuatro mundos, el iniciado debe apurar el
cáliz de amargura. Este símbolo nos da mucho que pensar. Muchos
ilusionados creen que la ciencia espiritual es un método fácil y
sencillo al cual acuden para adquirir poderes, riquezas y comodidades
y nunca piensan, ni hubo quien les instruyera que tras de estas
pruebas nos espera el abrumador CALIZ DE AMARGURA, al enfrentarse con
las desilusiones, de nuestros proyectos y de nuestras aspiraciones.
Hasta el mismo Jesús al sentir este estado abrumador de las cosas,
clamó; Padre, si es posible, aleja de mí este cáliz.
Pero,
el Cáliz no puede alejarse sino que debe ser apurado hasta la última
gota. El iniciado debe seguir los pasos de Cristo, cargar sobre sus
hombros todas las amarguras de los demás, sufrir la ignorancia, el
fanatismo y la ingratitud de todos. Debe llevar este cáliz a sus
labios serenamente, y apurarle como si fuera la más dulce y
confortable de las bebidas. Entonces se cumple el milagro; la
amargura en su boca se convierte en dulzura en boca de los hombres y
la Verdad triunfa sobre las ilusiones de los sentidos.
La
sangre
Una
de las pruebas que someten al candidato es la prueba de la SANGRIA.
Se le dice que debe firmar un juramento con su propia sangre, esto es
signar el pacto con ella. Los herméticos saben muy bien que la
sangre es el asiento del- YO o del EGO, es la expresión de, la vida
INDIVIDUAL. Mientras circula la sangre en el organismo hay vida; pero
cuando se coagula acaece la muerte.
Firmar
el juramento con la sangre significa adherirse a la Causa Sagrada
eternamente; de manera que este pacto signado con ella no puede
romperse ni aun con la muerte. Por tal motivo ningún iniciado puede
volverse atrás y aquel que “PONE LA MANO SOBRE EL ARADO NO PUEDE
VOLVER LA VISTA ATRAS” si no quiere convertirse en estatua de SAL
“como la mujer de LOT”.
No
nos es posible revelar más este profundo misterio, porque las
consecuencias serán muy dolorosas para nosotros y para las personas
que llegan a comprenderlo, solamente podemos decir que el autor del
juramento, signado con su sangre, no puede ser, ni dejar de ser
INICIADO a voluntad, sino que lo será para siempre y aquel que cree
poder cesar de considerarse como tal es porque NUNCA LO HA SIDO.
Cuando derramó Cristo su amor por medio de la sangre, firmó el
pacto de sangre con nosotros hasta la consumación de los siglos. EL
mismo nos enseñó que no debemos jurar ni por el CIELO ni por la
tierra, porque sabía el efecto del juramento.
El
Fuego
Otro
símbolo análogo al de la sangre es el fuego. Invitan al candidato a
que permita que se le haga con el FUEGO, en el pecho u otra parte, la
impresión de un sello, por el cual se reconocen los masones.
Este
sello (QUE NUNCA SE APLICO MATERIALMENTE EN LA MASONERIA PERO QUE FUE
PRACTICADO ANTIGUAMENTE) se graba con el fuego de la Fe en el corazón
del Iniciado; la fe es el único sello por el cual los masones se
reconocen entre sí. Es la fe que enciende el ardor del entusiasmo
para obrar en armonía con el PLAN DEL GRAN ARQUITECTO, y cooperar
conscientemente.
La
ayuda en la cadena de unión
Finalmente
y para dar prueba de su altruismo se le invita al candidato a
ingresar en la cadena de unión, mediante una oferta voluntaria, para
ayudar a los necesitados. Antiguamente daba todo por los demás y
esta escena se repitió en el tiempo de Cristo cuando le preguntó
aquel rico: Maestro ¿qué haré para ser perfecto? Y el Maestro le
contestó: Vende tus bienes y repártelos entre los pobres.
El
juramento
El
juramento es la obligación que debe prestar el candidato delante del
ara (su corazón altar de DIOS); sigue con los ojos vendados (que no
pueden todavía ver la luz), arrodillado sobre la rodilla izquierda
(no solamente signo de respeto y devoción, sino en esta pose se pone
en contacto con las corrientes terrestres que tienden a subir hacia
las que bajen desde arriba; el candidato forma el punto de unión
entre las dos); la derecha en forma de escuadra (símbolo de la
fijeza, estabilidad y firmeza, objetos del juramento; es la
preparación para libertarse. Ver el significado de la escuadra en
otras páginas anteriores. La mano derecha sobre la Biblia (verdad
revelada) y en la izquierda un compás cuyas puntas apoyan sobre el
pecho, símbolo del reconocimiento pleno de la armonía. (Ver la
explicación del compás).
El
juramento se hace en presencia del GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO y de
los hermanos reunidos en la Logia. La presencia del GRAN Arquitecto
en el Hombre es la primera condición que debe comprender el
candidato; los hermanos que forman con sus espadas una bóveda sobre
su cabeza, sin que él pueda verlos con sus ojos físicos, son el
símbolo de los protectores invisibles que se hallan interior y
exteriormente; que nos vigilan constantemente y nos protegen sin que
nos demos cuenta de sus existencias.
Este
juramento se contrae libre y espontáneamente con un pleno
conocimiento del alma. No se trata de una obligación involuntaria o
con amenazas, porque como el masón es libre en el sentido más pleno
de la palabra, contrae la obligación o juramento, que lo liga al
IDEAL de la ORDEN, con la espontánea voluntad.
Obligaciones
del juramento
Las
obligaciones del juramento son tres, primera: el silencio, una ley
importante del hermetismo es no revelar a nadie los secretos de la
Orden “no deis las perlas a los puercos”. Al penetrar el hombre
al Templo Interno de la Sabiduría, y recibir los fragmentos del
Saber Divino, debe guardarlos como un tesoro en su propio corazón
por dos motivos: el uno, porque nadie puede comprenderlos y el otro,
porque al divulgarlos perderá, con las palabras, la energía interna
que es como levadura que fermenta el corazón con aquella sabiduría.
La
segunda: no escribir, no grabar o formar algún signo que pueda
revelar la palabra Sagrada; esto es el VERBO DIVINO que se halla en
todo Ser, porque sacarlo afuera es como quien arranca la semilla de
la tierra para ver su crecimiento. El Verbo Divino o el IDEAL DIVINO
debe obrar desde el interior hacia afuera y nunca debe ser visto por
los ojos de las pasiones, como aquellos que se vanaglorian de sus
poderes.
La
tercera: es su unión eterna a la Fraternidad Espiritual, a sus
ideales, aspiraciones, y tendencias; comprometerse en ayudar a sus
hermanos en cada momento; así se da cuenta de que la FRATERNIDAD es
un cuerpo y que el es la célula en dicho cuerpo que debe cumplir con
sus deberes.
Antes
de faltar al juramento, el masón prefiere “tener la garganta
cortada y la lengua arrancada de raíz”. Es el castigo simbólico
del indiscreto cuando haga uso egoísta de sus poderes; entonces la
lengua instrumento del Verbo, le será arrancada, esto es, perderá
el poder de la palabra o del VERBO. Su garganta que es la que produce
el sonido de la verdad será cortada.
La
Luz
Una
vez que ha cumplido con los tres deberes del juramento será digno de
ver la LUZ DE LA VERDAD. Este símbolo se efectúa con hacer caer las
vendas de los ojos del candidato, que representa la venda de ilusión,
que le impide ver la esencia de VERDAD.
Al
principio se queda deslumbrado; después ve a los hermanos con
espadas dirigidas hacia él. Estas espadas no son amenazas; porque
aquel que ve la luz nunca puede tener miedo a las amenazas; estas
espadas demuestran las dificultades que debe afrontar el Iniciado, en
el cumplimiento constante de sus ideales; pero el Iniciado no debe
nunca renunciar a sus aspiraciones elevadas; por lo tanto los
hermanos, al verle firme en su propósito, se descubren, quitando la
MASCARA que escondía sus semblantes y bajan las espadas, que
significa que las dificultades son vencidas ante la firmeza de la Fe.
Es la luz interior que pasa libremente y se derrama sobre el mundo
externo’ para esfumar todo temor y toda dificultad.
ES
LA LUZ DE LA DIVINIDAD. Es el objeto de iniciación interna: hacer
del hombre un Dios.
La
masonería acude a todos estos símbolos como para ayudar al
intelecto del hombre a comprender la verdad y descubrir qué es DIOS
EN DIOS.
Consagración
Concluido
lo antecedente, el candidato es conducido al ara, delante de la cual
se arrodilla sobre la rodilla izquierda, mientras que la derecha está
en forma de escuadra; se le hacen confirmar sus obligaciones. (Todo
acto debe tener un significado muy profundo. El mero hecho de
arrodillarse, tiene un gran significado oculto, porque los centros
etéricos físicos, al aplicar la rodilla sobre la tierra, se
sintonizan con ciertas corrientes a disposición de los que buscan
auxilio en lo INVISIBLE. La oración con la posición del hombre
arrodillado, no sólo ayuda al que ora, sino, hasta cierto punto, es
reservado de las influencias perniciosas que pueden dominarlo en
cualquier otra posición que adopte el cuerpo.)
(Pedir
de rodillas es una frase que se repite a cada momento; porque los
antiguos que nos dejaron esta frase, comprendían la eficacia de la
petición estando de rodillas. Ya hemos explicado en otro lugar el
significado de la escuadra y no es menester repetir aquí el
significado de la pierna derecha que toma la forma de escuadra.)
(Cuando
el candidato cumple con sus obligaciones y se arrodilla ante el
altar, que es su corazón, en donde reside el verdadero Maestro, el
YO SOY, el Átomo NOUS, el Cristo, entonces Este que es representado
por el V. M., toma la espada flamígera apoyándola sobre la cabeza
del recipiendario, pronuncia la fórmula de la consagración,
acompañada por los golpes misteriosos del grado.) Hecho esto, le
hace levantar y lo abraza, dándole por primera vez el título de
hermano, y le ciñe el mandil diciendo:
“Recibid
este mandil, distintivo del Masón, es más hermoso que todas las
condecoraciones humanas, porque simboliza el trabajo que es el primer
deber del hombre y la fuente de todos los bienes, el que os da
derecho a sentaron entre nosotros, y sin el cual nunca debéis estar
en la Logia.”
(La
espada flamígera es el símbolo del Poder Divino. El poder creador
se halla en el hombre, pero actualmente en la humanidad es un poder
limitado.)
El
Poder de la creación se manifiesta en la parte inferior de la espina
dorsal en donde reside el enemigo secreto del hombre. El hombre está
esforzándose para unirse con el propio Íntimo o según la parábola
de la Biblia; ansiaba regresar al EDEN, al paraíso; después de ser
arrojados como rebeldes y “Dios puso en el oriente del mismo Jardín
del Edén unos querubines, que lucían doquiera una espada flamígera
para custodiar el Camino del árbol de la Vida”.
La
Espada del PODER que se halla en manos del Maestro que reside en el
cerebro del hombre impide a los rebeldes átomos destructivos
acercarse a la fuente del Saber divino para no tergiversarlo en malo
según sus propios deseos; pero desde el momento en que se arrodilla
ante el Maestro Interno; ante el Altar del sacrificio; el Maestro
Íntimo lo consagra como discípulo suyo tocándolo con la espada
Flamígera, con toques misteriosos, para transformarlo en ayudante
servidor y hermano en el Trabajo de la OBRA.
El
mandil es la túnica de la piel, a la que hace mención la Biblia o
el CUERPO FISICO con su conciencia espiritual (Adán), y su reflejo
personal (Eva) que fueron arrojados del estado edénico; mental
interior, fueron llevados a la tierra, mundo físico para trabajarlo
y expresar en la materia las cualidades divinas, y adquirir en la
tierra experiencias que transforman al hombre en maestro.
El
mandil es el cuerpo físico, es la túnica de piel, es la parte que
aísla al espíritu Interno y oculta su Luz a los ojos físicos.
Colocar
el mandil significa aislar al corazón del mundo físico durante los
momentos del trabajo espiritual, durante la comunión con el Padre
que se halla en el interior.
Los
guantes
Se
le da al recién iniciado dos pares de guantes, uno para él y otro
para que le ofreciera a la mujer más amada.
Los
guantes blancos son símbolos de las buenas obras, o sea, para
expresar lo divino en nosotros sin mirar el fruto de las obras.
Con
el otro par de guantes para la mujer, quiere mostrar que la mujer
compañera del hombre tiene derecho a participar de los beneficios de
la Orden, aunque, hasta ahora, en algunas logias le niegan estos
derechos.
También
los guantes según nosotros tienen otro significado más
trascendental: es amar a Dios con todas las fuerzas. Los guantes son
como el mandil, aisladores. En algunas religiones se enseña que para
orar se debe cruzar los brazos; la masonería ofrece al iniciado un
par de guantes.
El
hombre irradia la energía por los dedos de las manos; pues para amar
a Dios con todas las fuerzas se cruza los brazos sobre el pecho para
conservar esta energía, en sí mismo, que le ayuda mejor a la
adoración al G. A. D. U. Los guantes tienen por objeto conservar
esta energía en el hombre para la mejor expresión de la Verdad en
el momento necesario.
La
palabra
Habiendo
sido consagrado aprendiz masón el neófito está ahora en
condiciones de que se le comunique la palabra sagrada y la manera de
darla.
El
primer versículo del Evangelio de San Juan nos da el significado y
la clave de la palabra. En el principio era el Verbo, o sea la
Palabra. Es la contestación de la verdad de que todo se manifiesta
desde un Principio Interior o espiritual, llamado ”. Verbo o
Palabra; es decir afirmación creadora de su realidad que lo hace
venir a la existencia o manifestarse desde un estado de inmanencia
latente o potencial.
En
el principio era el Verbo, es una frase que nos demuestra el origen
espiritual de todo lo que vemos, o se presenta de alguna manera
delante de nuestros sentidos. De todo, sin distinción, se puede
decir que, en el principio (o en su origen) era o fue Verbo, Palabra,
Pensamiento o Afirmación Creadora que originó. Y corno el Verbo,
Palabra o Pensamiento no puede ser sino una manifestación de la
Conciencia, toda cosa exterior tiene un origen interior, en el Ser,
en donde tuvo nacimiento primero como causa, cuyo efecto vemos.
Todo
lo que se manifiesta debe haber tenido su origen de un pensamiento,
deseo, aspiración, afirmación o estado de Conciencia. El Universo
desde el principio tuvo el ser en el No-Ser que es el fundamento de
todo lo que existe; espacio y tiempo no son más que laboratorios del
Verbo.
Es,
pues, de importancia trascendente lo que el hombre dice, piensa o
afirma en si mismo: con este solo hecho participa conciente o
inconscientemente del poder creador universal del Verbo y su obra
constructiva.
El
primer grado del aprendiz tiene el privilegio de desarrollar el poder
del Verbo, sabia y conscientemente en el iniciado. Aprender el recto
uso de la Palabra: he aquí la tarea fundamental que le incumbe al
masón. Con esta disciplina hace que su actividad sea constructiva y
en armonía con los planes del G. A., es decir de los principios
universales de la Verdad.
Hay,
pues, una palabra sagrada, distinta de todas las palabras profanas
que son nuestros errados pensamientos negativos y juicios formados
sobre la apariencia exterior de las cosas; la palabra sagrada es el
Verbo, es decir, lo que de más elevado y conforme a la realidad
podemos pensar o imaginar, una manifestación de la luz que nos
ilumina desde el interior. Es nuestro ideal y nuestro concepto de lo
que hay de más justo, bueno, hermoso, grande, noble y verdadero;
conformando nuestras palabras a este Verbo, pronunciamos la Palabra
Sagrada y decretamos su establecimiento. Pues como se dijo:
“Decretarás una cosa, y ésta será establecida en ti”.
La
Palabra Sagrada, dada por el V. M. que se sienta al Oriente simboliza
la Palabra Sagrada dada individualmente, a cada uno de nosotros, por
el Espíritu de Verdad, por el Íntimo YO SOY que igualmente se
sienta o mora al Oriente u origen de nuestro ser. También representa
la instrucción verbal que se da en la logia (o lugar donde se
manifiesta el Logos o Palabra) y que siempre debe partir del Oriente
para ser efectiva, es decir, de lo que cada uno puede pensar
individualmente de más noble y elevado. Debe ser luz inspiradora y
vida como la luz del sol que sale del Oriente.
A
semejanza de la Palabra Sagrada que se formula al oído, letra por
letra, así debe darse la instrucción hermética: se le da a cada
uno como primer rudimento, la primera letra de la Verdad, para que
meditando y estudiando sobre ella llegue, con su propio esfuerzo a
conocer y formular la segunda, que lo hará digno de recibir útil y
provechosamente, la tercera. De esta manera ha sido y fue, comunicada
la Doctrina Iniciática, en todos los tiempos, siendo el simbolismo
masónico la primera letra de la mística palabra sagrada de la
Verdad.
Cuando
lleguemos a la explicación mística del Ritual daremos el
significado particular de la Palabra Sagrada del aprendiz.
La
palabra Sagrada, que se da al oído o secretamente, es el símbolo de
aquella instrucción sobre los principios de la Verdad que cada
aprendiz tiene el derecho de conocer y ser enseñado por los hermanos
más adelantados que se hallan en el sendero. La palabra Sagrada que
se da al oído o secretamente, es el saber verdadero, que el iniciado
recibe de su interior. Es el ejercicio que le convierte apto para el
Magisterio de la verdad y de la virtud. Esta instrucción no depende
de lo que recibe, sino de lo que encuentra y asimila por sí mismo,
con sus propios esfuerzos, es decir del recto uso que hace de la
primera regla recibida, como medio para llegar directamente a la
verdad.
En
esto consiste la instrucción iniciática: obrar siempre y obrar bien
para llegar a descubrir las verdades trascendentales cósmicas que
están en sí, y no como la instrucción oficial que se contenta en
hacer saber al discípulo ciertas opiniones intelectuales que, muchas
veces, son más perjudiciales que útiles. La ciencia de la Verdad
debe ser sentida, vivida y no aprendida.
Cada
letra de la Palabra Sagrada debe ser objeto de una reflexión
individual; por ejemplo, al meditar en los poderes y significado de
la primera letra, el discípulo llegará por sus propios esfuerzos a
encontrar la segunda, que es la que debe dar al Instructor, en
respuesta a la primera, para que se lo juzgue digno de recibir la
tercera que es de un género diferente de la primera.
El
hombre correcto que ansía el saber debe practicar primeramente el
bien que está a su alcance; entonces la primera práctica le
descubre el caminó de la segunda: ayudar al necesitado, consolar al
afligido significa dar y como el efecto de dar es recibir, según las
leyes Cósmicas, entonces llegaremos a la conclusión de que: quien
ayuda será ayudado para dar más, y quien consuela será consolado
para aliviar mejor el dolor ajeno.
La
Palabra Sagrada tiene tres sentidos. El primer sentido es exterior
que determina ciertas enseñanzas por medio del símbolo, la
ceremonia y las alegorías, así como las religiones tienen las
ceremonias, obligaciones externas y la ciencia en el método
experimental con las propiedades exteriores de las cosas.
El
segundo sentido es el esotérico que por medio de la reflexión
individual, se puede llegar al conocimiento de la Verdad, a la
Doctrina interior que se oculta en el simbolismo y en las formas
exteriores. El tercero es el místico o secreto entendimiento de la
Verdad presentada por las alegorías y los símbolos.
La
misma ley rige en el sendero de la Religión como en el del hombre
espiritualista, que busca el sentido interior y profundo de los
símbolos religiosos y el valor operativo de sus ceremonias, así se
llega a entender sus significados espirituales.
El
hombre que se dedica al reconocimiento de lo más hondo de las cosas
abarca en sí todas las religiones, artes y filosofías y no necesita
ningún maestro; bástale su propio Maestro Interno que es
Omnisciente, Omnipotente y Omnipresente.
El
objeto de la masonería y las religiones es preparar y enseñar al
intelecto cómo comunicarse con Su Propio y Único Maestro YO SOY que
está ávido por instruir e iluminar al hombre.
Los
tres años
Los
tres años del aprendiz y los tres viajes de la iniciación son el
símbolo del triple período que marcará las etapas de su estudio y
de su progreso.
Los
tres años se refieren particularmente a las tres primeras artes: la
gramática, la lógica y la retórica. Antiguamente un aprendiz
necesitaba estudiar durante tres años consecutivos estas artes,
empleando un año para el dominio de cada una. Como se ha dicho
anteriormente el primer grado tiene por objeto desarrollar en el
hombre el poder del Verbo y este poder, forzosamente, debe dominar
las tres artes indicadas. La gramática es el conocimiento de las
letras, es decir principios, signos y símbolos de la Verdad. El
aprendiz no sabe leer ni escribir el Lenguaje de la Verdad, sino que
se ejerce deletreando, una por una, las letras o Principios. También
los tres primeros años tienen relación estrecha con los tres
primeros números: El Uno, símbolo de la Unidad Universal; el Dos es
la dualidad de la manifestación; el Tres es la Trinidad o
perfección.
Letras
y números
El
estudio de las letras es una parte del arte gramatical. Es el estudio
de aquella gramática (del griego gramma que significa letra, signo)
simbólica, con la cual debe familiarizarse el aprendiz.
Una
vez conocidas las letras, le será posible combinarlas por medio de
la lógica y manifestar el Verbo por medio de la retórica.
Pero
los signos o letras tienen como todos los símbolos triple sentido:
externo, interno y espiritual. Las letras según los ocultistas son
formas externas de poderes internos y espirituales.
La
primera letra del alfabeto que es A; muestra en su forma los dos
Principios o fuerzas primordiales que parten del punto originario y
forman el Angulo. Y también el Triángulo que nace del ángulo por
medio de la línea horizontal -el tercer principio- que une sus dos
lados.
Esta
primera letra nos muestra el origen de todo y su progresiva
manifestación: la involución o revelación del Espíritu en el
reino de la forma o de la materia.
ALEF.
La forma hebraica de esta misma letra, cuyo valor numérico es UNO,
nos presenta en la línea oblicua central, el Primer Principio
Unitario del cual se manifiesta las dos fuerzas o principios en el
hombre: ascendente y descendente, o sea centrífugo o centrípeto;
masculino y femenino; representados por las dos columnas. Es en sí
mismo un signo de equilibrio, en cuanto muestra el dominio de los
opuestos y la Armonía producida por su actividad coordinada. En su
conjunto muestra la trinidad, es decir la fuerza manifestada por la
unidad.
Hasta
aquí ha llegado el conocimiento simbólico de la letra A. ¿Pero ha
podido alguien descifrar y analizar su sentido interno? ¿Cuáles son
las fuerzas que se encierran en la letra A y cómo se debe
utilizarlas?
No
son muchos les cerebros que pensaron en rasgar el velo denso que
oculta los poderes que se encierran en la letra A y en sus compañeras
del alfabeto.
Dios
creó al Universo por medio del VERBO y el VERBO se hizo carne según
número, peso y medida; entonces cada letra que forma una parte de la
palabra debe tener su número, peso y medida.
¿Quién
ha descubierto el número, peso y medida de cada letra? ¿Quién ha
podido utilizarla conscientemente? Dicen que los maestros de la YOGA
tienen estos secretos y nos cuentan que algunos en el Occidente han
llegado a poseer este inapreciable tesoro.
Nosotros,
muy lejos de la pretensión de poseer este tesoro ofreceremos, en lo
futuro, develar el misterio de cada letra, su número, peso y medida;
según nuestra inspiración interna. Por lo pronto tenemos que seguir
en el sentido externo de las letras. La letra B es una clara
expresión de la dualidad, de los dos principios superpuestos, que
evidencian la Ley de Polaridad: muestra la relación entre el
Superior y el Inferior, el Cielo y la Tierra, una relación bien
distinta en sus dos aspectos.
En
el lado derecho (que es el lado izquierdo de la figura y corresponde
a la evolución o revelación del Espíritu en la materia) y derecha
del otro lado (el lado ascendente que corresponde a la evolución del
Espíritu de la materia). El lado derecho muestra el dominio del
hombre y el lado curvo el de la naturaleza.
La
forma hebraica de esta letra (cuyo nombre es beth) patentiza
igualmente esta relación entre el Superior y el Inferior, el Cielo y
la Tierra, relación descendente por un lado y abierta por otro,
símbolo de las posibilidades ascendentes que se hallan abiertas para
el hombre, mediante el establecimiento de su relación con el
Principio de la Vida. Su valor numérico es DOS.
Es
una de las letras que forman la palabra sagrada del Aprendiz y a su
debido tiempo estudiaremos su relación en dicha palabra.
La
tercera letra C, es originariamente la de una escuadra, y como tal se
presenta en los alfabetos fenicio y griego en donde tiene el nombre
de gamma y el sonido de la letra G.
El
símbolo de la escuadra fue explicado anteriormente. En cuanto a la
letra en su forma latina muestra un arco, es decir, la tensión dé
las energías individuales para alcanzar un objeto determinado.
También representa el ciclo descendente de la involución, que debe
completarse con la obra individual de la ascensión evolutiva.
En
el alfabeto hebraico de esta letra se llamó Guimel (camello) y tiene
el valor numérico de tres. Se refiere al verbo perfecto en el
ternario, y al progreso individual del hombre, de abajo arriba,
porque supone un ser inteligente, un ser que piensa y otro ser que
habla. Es el símbolo material de las formas espirituales. Es el
cuerpo físico que encierra la divinidad del hombre es el mandil que
aísla al hombre de las impresiones externas. La cuarta letra D es
representada por un triángulo en varios alfabetos, es del delta en
el griego; su nombre en hebreo es daleth, significando puerta. Es el
mismo hombre, es la cruz, clave de todos los misterios humanos, es el
hombre cruz, la forma material con sus cuatro elementos, inconsciente
de su divinidad; su número es cuatro.
El
hombre que medita en su cuerpo físico, en su cruz, su propia
intuición lo lleva en la escala de la perfección hasta la letra Hé,
hasta el pentagrama, hasta la rosa en la cruz.
La
letra E o Hei, significa el aliento que anima a todos los seres. Es
el espíritu que domina los cuatro elementos. Es, como se ha dicho
antes, la rosa -espíritu- floreciente sobre la cruz del hombre. Así
como en la Magia, en Pentagrama domina todos los elementos, así
también el espíritu del hombre domina todos sus cuerpos inferiores.
La letra Hé es representada por el Círculo, según la ciencia
antigua y su valor numérico es 5.
Por
manera que el aspirante a la sabiduría, el neófito debe conocer el
valor de las letras, porque cada letra representa una potencia
invisible, debe saber vocalizarlas para sentir sus beneficios y por
último debe buscar su propia relación con la relación de las
letras.
Por
ejemplo: la letra A latina y la hebraica representa la trinidad de
Dios y del hombre, es el ternario que forma la unidad de todos los
principios, porque todo par opuesto encuentra entrelazado por un
principio de armonía y equilibrante.
El
Padre y la Madre engendran al Hijo, el azufre y la sal producen el
mercurio. El hombre, la criatura perfecta nace de la unión del cielo
y de la tierra, realizando la mística unión y la expresión de lo
Superior con lo inferior.
Cada
letra es una potencia, un poder y una energía en sí misma y se la
puede distinguir bajo varias formas.
1º
La letra es un símbolo representativo de un principio Creador eterno
que rige la evolución interna de la Creación.
2º
Cada letra tiene un sonido, fuerza que posee el poder de su vibración
sutil y que constantemente está vibrando por su propio tono.
3º
Este sonido al vibrar a través de la energía que anima a todos los
seres, modela las condiciones de las formas para darles sus
arquetipos.
4º
La letra es la representación de una divinidad que tiene íntima
relación con la conciencia del hombre.
5º
Vocalizar una letra es llamar a una divinidad por su nombre y atraer
su fuerza cósmica hacia sí.
6º
Una Palabra compuesta de varias letras se transforma en instrumento
de generación del espíritu, porque se convierte en idea.
7º
Cada pueblo adoptó por sus letras una forma especial que representa
la propiedad de su propia deidad, según la sensación con que
impresionaban a su mente el atributo y las características de tal
deidad.
8º
De manera que si el Hebreo pronuncia o vocaliza la letra A adaptando
la forma de su propia letra, alzando la mano derecha hacia lo alto y
extendiendo la izquierda hacia lo bajo, obtiene los mismos beneficios
que un latino, que, al pronunciar la misma letra adopta la forma
latina.
9º
Si cada letra del Alfabeto es un poder, la combinación de varias
letras produce una aglomeración de poderes para un fin deseado.
10º
El Mantram sánscrito, conservado por los iniciados orientales, no es
más que el poder del Verbo sintetizado en una palabra; también las
palabras son ciertas formas cabalísticas conservadas en las
ceremonias de la iniciación occidental.
11º
Toda palabra es una acción y si es acción debe ser útil; hay una
vieja leyenda cristiana que nos enseña, que el diablo no puede
apoderarse de los pensamientos en tanto que no sean materializados
por la palabra.
12º
En las escuelas herméticas hay muchas palabras que no tienen sentido
para el profano y a veces hasta para los mismos miembros. Estas
palabras no son creadas como rompecabezas, según algunos pareceres,
sino que los autores de ellas han buscado ante todo, el poder oculto
y esotérico de cada una de sus letras, sin ocuparse mucho en lo que
puede significar esta palabra en el diccionario de la lengua; así
como los inventores del símbolo nunca tuvieron la intención de que
su forma debe encerrar únicamente una idea determinada, sino que del
símbolo debe emanar la fuente de todas las ideas.
13º
El aprendiz, al estudiar las letras de su grado, debe meditar en los
puntos anteriores para comprender que la esencia del Verbo o palabra
está en el principio; quela luz intelectual es la palabra, que la
revelación es la palabra y,que
hablar es crear; pero para crear se debe escoger los elementos de la
creación y emplearlos con maestría.
14º
Dios, dando la razón al hombre, le dio las letras para formar la
palabra y pronunciarla.
15º
La letra A cuyo valor numérico es uno, es el primer sonido que
articula el ser humano y primera letra del Alfabeto, como el número
uno, es la unidad madre de16º
Todos estos atributos y muchos más pertenecen a la letra A. Los
iniciados, conscientes del poder de la letra, separada o unida a otra
para intensificar su fuerza, la entonaban según ritmo especial, para
producir una vibración y color apropiado que ayudaban a efectuar un
resultado deseado en su propia mente y en la de los demás.
Adhiriendo a lo anterior que cada hombre tiene una nota particular
aquel que maneja la pronunciación de las letras según su nota o
tono personal, obtendrá poderes ingentes. ¡Amados lectores!:
Aprended a vocalizar las letras y el provecho se manifestará en
vuestros tres mundos: Espiritual, Intelectual y Físico.
Después
de leer los artículos anteriores, el amado lector, llega a
comprender que la masonería, las religiones y todas las escuelas son
fases de la Única ley natural, queDe manera que la masonería es una
doctrina que tiene por objeto el despertar del hombre, del sueño de
la ignorancia, al cumplimiento de su deber; pero como estos deberes
son abstractos, tuvo que acudir a símbolos, emblemas, rituales para
que la mente objetiva del hombre pueda sentir algo de lo que es
latente, que mora en él.
Todo
lo que fue escrito sobre la masonería es solamente la explicación
de ciertas ideas; pero si la idea no se manifiesta por acto, es una
idea vana, porque la acción es la que manifiesta y comprueba la
existencia de la voluntad.
Los
rituales de una religión son ideas manifestadas por palabras que
cristalizan la voluntad.
El
ritual del primer grado es la realización del ideal o del espíritu
masónico; es la exteriorización de la divinidad interna en el
hombre o en otros términos es un medio para ayudar al hombre a su
unión consciente con su Dios Interior, con su Íntimo, fin buscado
por todas las religiones esotéricas del mundo e ignorado por las
exotéricas.
Aquellos
que comprenden que el cuerpo humano es la copia fiel en miniatura de
todas las divinidades, de todo lo que existe en el Universo y por tal
razón fue llamado Microcosmos, encuentran que el ritual del primer
grado es un medio, un escalón que tiene por objeto el acercamiento
consciente de la mente humana a su Interno Creador, puesto que esta
mente, desde que comenzó a usar sus cinco sentidos físicos, dedicó
toda su atención a lo externo y se olvidó de Lo Íntimo e Interno.
En
resumidas cuentas, El Maestro de una Logia, al llegar a comprender el
espíritu masónico procede a practicarlo por medio del ritual.
Como
se ha dicho anteriormente, el templo es el cuerpo humano. “Vosotros
sois el templo del Espíritu Santo”, y como “el reino de Dios
está dentro de vosotros” todas las facultades del hombre deben
replegarse al templo Interno en busca del reino de Dios.
Considerando
al hombre igual a un templo cuyo sacerdote es la razón iluminada por
la Sabiduría Divina, insinúa y guía a sus fieles facultades a la
adoración de Dios, en el templo interno, procede a oficiar y
practicar el ritual de la adoración.
Las
Llaves del Reino Interno,
Jorge Adoum. Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina.