La revelación del Sagrado Corán, la
escritura sagrada del Islam, comenzó hacia el año 610 d.C., durante una de las
meditaciones que el Profeta (saws) solía llevar a cabo en la cueva de Hira, en
el Jabal Nur. El Ángel Gabriel se le apareció y le ordenó: “Lee, en el Nombre
de tu Señor, que creó al hombre a partir de un coágulo de sangre. Lee, pues tu
Señor es el más Generoso, y enseña al hombre, mediante la pluma, aquello que no
sabe.” La Revelación, en lengua árabe, se extendió durante un periodo largo de
tiempo, y dirige las acciones y respuestas del Profeta (saws) durante el
periodo protoislámico.
Ya durante este periodo de revelación empieza a guardarse el Corán por
escrito, aunque no será hasta más tarde que se haga lo propio con la totalidad
del Libro. El Sagrado Corán es una revelación primaria, es decir, es palabra
por palabra y letra por letra, obra de Dios, y no una ‘inspiración’ humana,
como ocurre con las escrituras del Judaísmo y el Cristianismo, por ejemplo.
También a diferencia de las escrituras del Judaísmo y el Cristianismo, que han
sido traducidas, editadas, y adaptadas, proceso que aún hoy en día continúa,
Dios ha preservado al Sagrado Corán de sufrir el más mínimo cambio desde su
revelación. Asimismo, esa condición de obra divina hace inservibles las
traducciones a efectos litúrgicos. El Sagrado Corán es, en el Islam, la fuente
primaria de la doctrina y del derecho, siendo los Hadices, o Tradiciones
Proféticas, y la Sunna o ejemplo del Profeta (saws) las fuentes secundarias. El
texto del Sagrado Corán se divide en 114 suras, o azoras, colocadas de manera
que da precedencia a las más largas sobre las más cortas. Estas suras pueden
clasificarse por el lugar en que fueron reveladas: Meca o Medina. Las primeras,
más poéticas, suelen transmitir una poderosa sensación al oyente, por cuanto
hablan de la relación del mundo con Dios, en tanto que las de Medina suelen más
bien contener legislación.
Estas suras se dividen, a su vez en versículos (ayat, o aleyas), teniendo
el Sagrado Corán, en su totalidad, unos 6.700 versículos. Se ha hablado mucho
sobre la ‘compatibilidad’ entre las afirmaciones de la ciencia moderna y el
Corán como signo que vendría a confirmar la autenticidad de éste. Sin embargo,
la ciencia cambia de parecer todos los días, en tanto que el Sagrado Corán es
inmutable, por lo que no conviene dar demasiada importancia a esas
coincidencias: la mejor prueba de la autenticidad del Corán es el Corán mismo,
y no su coincidencia con aspectos mutables de nuestra existencia. Un signo más
permanente sería quizá el conocimiento que el Creador demuestra en el Sagrado
Corán de su criatura, el hombre: ningún ser humano escribiría de la humanidad
lo que de ella se dice en el Sagrado Corán. Otro signo es el hecho de que Dios
haya protegido al Corán de todo cambio. Por todo lo dicho resulta evidente la
importancia del Sagrado Corán para los musulmanes, mucho mayor relativamente
que las de otras religiones. Por ello su lectura resulta fundamental también
para que el no musulmán pueda comprender el Islam.

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