Dr. Carlos Raitzin C+ T+
Una asociación muy frecuente en la literatura caballeresca
tradicional es la del Santo Grial con la lanza. Sin duda esta asociación se
apoya y vincula en enseñanzas de boca a oído que nunca se explicitaron en las
obras de gesta. Los ejemplos pueden multiplicarse y veremos algunos luego.
Sin embargo esta asociación ha sido en general bastante
mal comprendida a nivel especulativo por
los tradicionalistas occidentales modernos. En cambio, y en forma sorprendente,
ha hallado adecuada formulación en otro contexto por obra de diversos artistas,
los que solo poseian una perspectiva de lo espiritual puramente exotérica.
En la literatura de
Tambien V. E. Michelet en su obra “El Secreto de
A nivel puramente exotérico se vincula el Santo Grial con
el corazón de Cristo y la lanza con la del centurión Longinos, tal como señala
René Guénon en “Símbolos Fundamentales de
Se ha querido por ejemplo vincular el Grial, que es
símbolo del orden metafísico puro, con la lanza interpretada como símbolo del Axis
Mundi y siendo, en consecuencia, un
símbolo de orden estrictamente cosmológico. Un ejemplo de tal proceder,
muy equivocado a nuestro juicio, se halla en Pierre Ponsoye, “El Islam y el
Grial”. El error consiste en vincular dos ordenes ontológicos tan diferentes entre sí como pueda
concebirse. La lanza, lejos de ser “un agente del castigo divino” como
pretende Ponsoye, constituye un símbolo perfecto de sensaciones muy reales que
preceden a la vivencia griálica. De
hecho esta lanza es símbolo de dolor físico que “hiriendo cura” como veremos en
lo que sigue.
La interpretación correcta ha surgido a veces de los
artistas desde una perspectiva puramente exotérica. Recordemos por ejemplo la
célebre y bellísima escultura de Bernini que representa a Santa Teresa de Avila
recostada en divino éxtasis mientras un angelito muy sonriente se halla en
actitud de haberle clavado una flecha en el corazón. En una iglesia de Santiago
de Chile tuvimos oportunidad de admirar una magnífica tela de gran tamaño
representando a San Francisco de Asís arrodillado en éxtasis con sus brazos
extendidos mientras un ángel de pie le clava una lanza en el corazón.
Ambas obras de arte se refieren a una misma y sola
experiencia que equivale y precede a hallar el Santo Grial. Esta experiencia es
conocida en el lenguaje exotérico como la transverberación del corazón. Un agudísimo dolor en el corazón hace pensar
que se va a morir y a ello sigue la experiencia inefable, de dicha infinita que
es hallar el Grial o sea a Dios mismo en el propio corazón. En ese momento
cobran pleno sentido las palabras de la oración hindú tradicional:
“De Conocimiento formado
es
El Señor de todos los mundos
en mi puro corazón reside”.
Tal experiencia puede sobrevenir en cualquier momento, no
es llamada ni causada por uno mismo sino que se produce siguiendo un mandato de
origen suprahumano. Conozco un caso en Buenos Aires que tuvo lugar hace más de
treinta años cuando la persona descansaba de sus estudios un domingo por la
mañana leyendo los periódicos. Nada más lejano por cierto de la meditación o de
la oración que esta actitud profana. El dolor cardíaco comenzó súbitamente en
forma tan aguda e intensa que nuestro personaje pensó que iba a morir en el
acto. Pero en ese momento se abrió el Centro del corazón y pudo así percibir de
manera inexpresable y en un instante de Eternidad
Santa Teresa de Ávila todo esto lo conocía muy bien como
se descubre leyendo atentamente "Las Moradas del Castillo Interior".
Es una gran pena que nunca apareciera el pliego lactado que dejara

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