EL TEMPLÁRIO EN LA ACTUALIDAD
Por Horácio Amadeo Della Torre, Prior de Argentina, miembro del Consejo Magistral de la OSMHU, in “Los Caballeros Templarios – Vida, Muerte y Resurrección”
“El templario actual es un individuo que con actitud decidida y viril decide poner su voluntad al servicio de Dios con los medios a su alcance por la lucha para el cumplimiento de la Justicia. En una editorial de Cuadernos Templarios decíamos: «aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad la viuda» (Isaías, 1:17).
“No son esas palabras una prefiguración, le esencia y verdad de lo que fue y es la vieja y moderna caballería bien entendida?
“La caballería con formas diferentes tiene la misma sustancia: solo pretende lo de Isaías, la protección de los débiles y de los desamparados contra los poderosos. A veces – desgraciadamente – el ropaje exterior ha desvirtuado los verdaderos fines y se ha quedado solo en eso, en un ropaje, en un disfraz para permitir o posibilitar acciones en busca de poder y beneficio personal. La caballería requiere de una actitud viril, de lucha, cuyo innegable símbolo es la espada. «Y aquél que no tenga espada, venda su manto y cómprese una…» (Lucas, 22:36).
“Hay otras formas de lucha que no derraman sangre, precisamente intentan evitarla… aunque no siempre lo logran. Ahí están la palabra, la pluma, la denuncia publica del atropello, la solidariedad, la caridad y llegado el momento el látigo con el mismo Cristo ante los mercaderes en el Templo, ante la profanación de la casa del Padre. [Textual en el original]
“Ciertamente todas esas armas aparentemente pacificas pueden, en definitiva, resultar mucho más letales que la espada… Ese, el de la lucha para hacer el bien, es el espirito de la caballería. Las formas acompañan y, afirman el compromiso… Pero sin el fundamento no son nada. Son nada más que comparsas, lindas de ver en carnaval.
“Para ello el templario debe ser un hombre libre y este concepto abarca todo tipo de dependencia, no solo política y económica, sino fundamentalmente no debe estar dominado por ninguna pasión o dependencia interna. Por lo tanto libre en sus actos.
“El templario hace honor a la historia tanto del Temple como la de su Patria. Sabe que quien no conoce y ama el pasado no podrá comprender el presente. Joubert decía que «Nada hace a los espíritus tan imprudentes y tan vanos como la ignorancia del tiempo pasado y el desprecio de los libros antiguo». Menos aún puede proyectar el futuro, tanto para él como para toda comunidad.
“Cuando lucha por sus ideales, el templario no renuncia ante la adversidad, no se entrega, hoy como antaño no conoce la retirada si no la ordena el Maestre. Apelando a lo dicho por Lugones: «convierte el heroísmo en estado normal», transforma al valor en un acto cotidiano. Aprovecha los contratiempos, los obstáculos, las dificultades y estudia cuál es la bendición en que está envuelta, recordando a los Sufies. Y luego, como dijera Almufuerte: «Acomete con fiereza / aún rodando por el suelo / su cabeza»
“Cuando yerra sabe que junto a él están sus hermanos, sabe que en ellos ha de encontrar no sólo apoyo y consulta sino también la critica fraterna encauzadora que lo ayudará a crecer.
“Aunque se siente león, su imaginación vuela como el águila: para él nada es posible o imposible, solo espera el momento en que su Maestre diga: «Dios lo quiere» para atacar. Por contraposición, el templario solo descansa cuando escucha del mismo Maestre «Albergaos en nombre de Dios!»
“Respeta las canas pues sabe que a ellas acompaña la sabiduría pero también se emociona con el llanto de un niño o el dolor de madre. Siente el papel del hermano mayor en la Creación, por eso no solo cuida al Hombre, sino también animales y plantas. No caza por deporte y cuida el hábitat que lo contiene pues no le pertenece, solo es su administrador.
“Respeta también los ritos en tanto y en cuanto los mismos sirven para refirmar sus convicciones pero no encuentra satisfacción en el rito vacío que lo ve más propio de comparsas de carnaval que de templarios.
“Es fiel a su credo pero abierto a toda creencia a la que observa con respeto y sana curiosidad.
“De los tres votos tradicionales mantiene el de obediencia a sus superiores jerárquicos y ha reemplazado los otros dos por templanza. Honra a los padres y maestros, considera a los Caballeros camaradas como hermanos, desprecia la soberbia, petulancia, corrupción, opulencia, especulación y usura, la inmoralidad, y capitalismo salvaje que somete a los hombres a una nueva forma de esclavitud. Es fiel a la verdad y a la palabra empeñada. Ejerce vocación de servicio y lo hace con honor y alegría. Evita la murmuración y la maledicencia.
“Sin duda, con tantos enemigos ocultos incorporados por la civilización moderna, es más difícil ser templario en el Siglo XXI, que contemporáneo de Molay.”

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