Alejandro
de Seleukis
En Tierra Santa los templarios establecieron un marco adecuado para
entrar en contacto con las tradiciones esotéricas propias de Oriente y de Asia
Menor. Algunas de las acusaciones hacia ellos fue el de tener conductas
permisivas con la religión de los "infieles". Según varios autores
los caballeros del Temple mantenían una "hermandad" deliberada con
sufíes y cabalistas, siendo la más conocida la conexión con la orden de los
caballeros Ismaelitas denominados "Assacis" que significa "guardián".
La atribución de "Guardianes de Tierra Santa" era
compartida por templarios, assacis y drusos, entendiendo que no solamente se
referían a la defensa de un lugar geográfico como es Palestina, sino también
como los guardianes de un centro supremo, de donde parte la tradición
primordial y de esta todas las formas de tradición espiritual que
conocemos.
La caballería occidental medieval tiene su equivalente en la
caballería sufí, la iniciación guerrera está estrechamente relacionada con la
iniciación en los oficios y la iniciación espiritual. La Tradición nos enseña
como diferentes vías o tradiciones espirituales no son más que adaptaciones a
las culturas, tiempos, costumbres o circunstancias. Aunque actualmente el Islam
no reconoce a ninguna organización o institución iniciática que se pueda
comparar con las ordenes caballerescas occidentales, podemos buscar en su
pasado y hallar huellas tradicionales en el mundo musulmán muy cercanas a
nuestra caballería occidental.
La tradición de la caballería sufí se conoce con él
termino árabe de Futuwah, según el Dr. Javad Nurbakhsh , esta se fundaba sobre
los valores de la generosidad (Morowat), la dedicación absoluta a los demás
(Isar), el sacrificio (Fada Kari), el auxiliar a los oprimidos y desamparados,
la compasión hacia las criaturas, el mantener la palabra dada y , finalmente,
la humildad. Además estaban comprometidos con un código ético (Adab) y unas
costumbres de caballería. Los orígenes de la Futuwah parece que se remontan
hasta el Irán preislámico, es decir, al zoroastrismo. Aunque como después
veremos también tuvo un fuerte asentamiento en el mundo turco.
En el sufismo este concepto transmite la idea y el
sentimiento de la nobleza en el comportamiento. Hay un Hadiz donde el Profeta
dice: "He sido enviado para perfeccionar la nobleza del
comportamiento" y otro referido por Sulami : ..el Arcángel Gabriel vino a
buscar al Profeta y le dijo: ¡ Oh, Mahoma, te he traído la excelencia del
comportamiento.., [consiste en] que perdones al que ha sido injusto contigo;
que des al que te niega su dádiva; que visites al que se ha desviado de ti; que
te apartes del que da pruebas de incomprensión hacía ti, y que practiques el
bien con el que actúa contigo por el mal."
Cualquier vía de realización espiritual incluye la
preparación y la purificación de la "materia" receptora sobre la cual
se pretende ejercer una influencia espiritual. El descenso del espíritu divino
requiere de un alma purificada. Esta es la finalidad de la excelencia del comportamiento
y de la nobleza del caballero.
Si hablamos en términos alquímicos, la sublimación en la
alquimia, consiste en purificar la materia depurándola de todas sus partes
terrestres y heterogéneas, liberándola de los lazos que la tienen prisionera y
que le impiden actuar. Dice Basilio Valentín en "Las Doce Llaves de la
Filosofía":
"Vestibus
abjectis. Sol nudus et ipsa Diana
nuda sit, optatus
manet tu inde torus.
Sponsae ex athletil
pretiosa sit unda duobus,
Pro
sponso proprium corpus tu illa lavet.
Certent
certantes, postquam cessaverit ardor
Martius, e pugna
pulchra brabaea ferent."
"
Posados los vestidos, que el Sol y la misma Diana
Queden
desnudos para el himeneo deseado.
Que de
los dos contendientes sea hecho el baño precioso de la esposa,
Para
que mediante el esposo lave allí su propio cuerpo.
Combatirán
los combatientes y después que haya cesado su ardor
marcial,
harán un bello trofeo de su lucha."
Esta purificación del ser es el sello del "Hombre
Perfecto", en el sufismo esta nobleza conduce a la apertura del
"corazón" espiritual, según el gran maestro sufí Rumí "El
corazón físico posee un alma inmaterial (yân-e-rûhânî ) que, cuando está
purificado e iluminado por el amor, produce otro corazón, es decir, el órgano
espiritual que percibe lo invisible. El suwaydâ es el lugar de la revelación
mística y del conocimiento divino (´ilm-é-ladonnî ) Dios ha depositado en este
cofre la joya que nadie más en el universo puede contener" (Matnawi, I,
1016).
Históricamente nos tenemos que remontar hasta el califa
abasida Al Nasir li Din Allah (m.620/1233) para encontrar el origen más
significativo del establecimiento de una filiación iniciática de la Futuwah.
Este califa recibe la investidura de manos de uno de los grandes representantes
de Bagda: Al Shayj ´Abd al Yabbar y recurre al célebre sufí Omar Suhrawardi
para que constituya socialmente la caballería, escribiendo los tratados sobre
la Futuwah, al mismo tiempo que organiza la institución iniciática. Este hecho
nos recuerda el papel de San Bernardo con respecto a la Orden del Temple.
La Futuwah pretendía ser un instrumento de educación y de
iniciación espiritual; en el plano temporal y en el espiritual, era un medio de
movilizar a los diferentes medios sociales hacia los valores espirituales del
Islam. El Califa Al Nasir quiso extender la iniciación más allá de los limites
de su Imperio iniciando al soberano Saldyukid de Anatolia, Kayka´us. A petición
de Al Nasir su último descendiente Kayqubad Iº también fue iniciado por
Suhrawardi. Este linaje caballeresco y aristocrático de Futuwah sobrevivió
durante algún tiempo en Egipto bajo los Mamelucos para acabar
desapareciendo.
La tradición de la caballería espiritual la volvemos a
encontrar en uno de los cuerpos de infantería de monjes-soldados más conocidos
del mundo árabe, los jenízaros. Organizados en una época en la que toda Europa
prevalecía el reclutamiento feudal. La creación de este cuerpo se debe al
Sultán otomano Murat I (1359-1389), aunque la figura espiritual que la inspiró
fue el santo Haxi Bektach Veli, volvemos a encontrar aquí los colores blanco y
rojo utilizados por el temple y los assacis, utilizaban el vestido blanco y un
bonete rojo, ser jenízaro exigía la obediencia absoluta a las órdenes de los
jefes y oficiales; unión perfecta entre todos los miembros del cuerpo;
aceptación alegre de una vida sencilla y adusta, entrenamiento militar;
acatamiento de las normas de la orden religiosa de los "bektachís".
Además no podían casarse, gastar barba, vivir fuera de sus cuarteles, ejercer
ningún oficio, beber vino ni practicar juegos de azar. Según Ahmet Cevat Bey
practicaban un misticismo encendido: " Somos creyentes (…), ofrecemos
nuestra vida por esta creencia (…), estamos embriagados de toda la eternidad
(…), ofrecemos nuestra vida por esta creencia (…), estamos embriagados en la
luz divina (…), formamos, en este mundo, una legión siempre en éxtasis ante la
grandeza de Dios".
Si repasamos el capitulo IV "De la Excelencia de la
Nueva Milicia" de San Bernardo titulado "De la vida que tienen los
caballeros templarios" vemos las grandes semejanzas, aunque en este caso
el Temple es anterior a la creación de los jenízaros, dice: " Se va y se
viene al primer signo de la voluntad del que manda, se viste de lo que se da y
no se osa buscar en otra parte ni el vestido ni el alimento...; sin mujeres y
sin hijos,…moran todos juntos en una misma casa, sin propiedad alguna
particular…Una palabra insolente, una acción inútil, una risa inmoderada…, no
quedan jamás sin castigo. El juego de ajedrez y de los dados se detesta
aquí…"
Y en él capitulo XIII "De Betania" San Bernardo
enciende la fe del caballero exhortando a decir con el profeta: "El Señor
es mi fuerza, mi refugio y mi libertador". Y también: " No a
nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre, da la gloria".
Pero los tiempos cambian y los jenízaros también. A lo
largo del siglo XVII, los jenízaros pierden sus doctrinas originales, sus
cualidades de sobriedad y obediencia, se convierten en elementos de agitación y
inestabilidad social; desde la muerte de Murat IV en 1640, el cuerpo
protagonizó varios motines sangrientos contra visires y sultanes.
Desde 1648 a 1687, los jenízaros cometen toda clase de
rebeliones y pillajes por conseguir un aumento de paga de los sultanes. En junio
de 1826 el gobierno turco abolió el cuerpo de jenízaros.
Si observamos con cierto detenimiento veremos ciertas
concordancias entre los templarios, assacis y jenízaros. 1ª. Son ordenes
creadas o inspiradas por un santo o iniciado espiritual: San Bernardo, El
Sheikh-al-Djebal, Suhrawardi o Haxi Bektach Veli. 2ª. Cierta similitud en sus
doctrinas. 3ª. La utilización de los colores blanco y rojo en sus hábitos o
mantos. 4ª . Son los "Guardianes de Tierra Santa".
Estos guardianes y caballeros de Oriente defienden la
"Tierra de los Santos", "Tierra Santa" (el centro supremo)
en tres lugares que podríamos definir como "Centros Sagrados" de la
Tradición, como son: el Cairo, Jerusalén y Constantinopla (actual Estambul).
Nosotros creemos que estos lugares albergaban lo que René Guenón denominaba
como "centros subordinados". Y posiblemente podamos entrever el
misterio del origen del Temple si lo analizamos desde este punto de vista. Tal
vez en esta dirección podamos entender que hacían en 1118 nueve caballeros en
Tierra Santa alojados en el palacio real de Balduino II, dentro del antiguo
recinto ocupado por las ruinas y restos del templo de Salomón denominado Haram
al-Sherif. Al mismo tiempo parecen estar investidos de una autoridad espiritual
y temporal que hace que el mismo Balduino II les ceda su palacio y se marche a
residir a un nuevo alcázar que ha mandado construir. La única actividad que
realizaron durante sus primeros nueve años fue orar y meditar. Nada se sabe de
otras actividades durante ese tiempo. Visto de una forma más tradicional
podemos decir que aquí fueron iniciados, consagrados e investidos de sus
funciones.
Diversos centros sagrados están repartidos por el mundo,
teniendo una constitución análoga son la imagen del "Centro Supremo",
aunque se adaptan y mimetizan a los tiempos y lugares donde opera la Tradición.
El acceso a estos centros sagrados está prohibido al mundo profano y a todos
aquellos que no poseen cualificaciones de orden iniciático, los
"guardianes" son la corteza exterior y los defensores de estos
centros. La función particular de la Orden del Temple en su núcleo iniciático
fue la recibir, conservar y transmitir el "sagrado depósito" de la
ciudad de Jerusalén.
Posiblemente se preveía que este centro sagrado fuese profanado
por los "infieles" y el Temple tenía como principal misión protegerlo
y trasladarlo a un lugar seguro de Europa. Retomamos las palabras de San
Bernardo en su "Elogio a la Nueva Milicia". Dice: " Cumplirá
esta profecía de Jeremías: El señor ha rescatado a su pueblo y le ha librado; y
ellos vendrán y se regocijarán sobre la montaña de Sión y gozarán con placer de
los bienes del Señor. (…). Levántate, repito, y sube sobre las más altas
eminencias y mira el consuelo y la alegría que te viene de la parte de tu Dios.
Del lugar santo ha sido enviado este auxilio, y verdaderamente por medio de
estas tropas fieles se cumple en tu favor esta antigua promesa, de que habló el
profeta Isaías: Estableceré en ti la gloria de todos los siglos pasados y una
alegría que durará en las generaciones futuras." (Nueva Milicia, III,
6).
La importancia de estos centros sagrados de Oriente Medio
esta reflejada en los viajes de diversos iniciados y santos a lo largo de la
Edad Media hacia estas ciudades. Pondremos como ejemplo el caso del maestro
murciano Ibn Arabí (Murcia 1165, m. Damasco 1240), conocido como "el más
grande de los maestros" y referencia clave en la historia del sufismo
(tasawwuf). En 1201 emprende un viaje a través de todo el arco sur mediterráneo
hacia Oriente Medio que lo llevara hasta El Cairo, Jerusalén y Damasco. También
Ibn Arabí formula la existencia de unos "pilares" sagrados de los
cuales parten diferentes vías tradicionales, en su obra "Las
iluminaciones" expone: "A cada Pilar (watad) corresponde un ángulo de
la Casa: el que depende de Adán corresponde al ángulo sirio; el que depende de
Abraham corresponde al ángulo iraquí; el que depende de Jesús corresponde al
ángulo yemení y, aquel que depende de Muhammad, al ángulo de la Piedra negra;
éste es el mío -alabado sea Dios".
De todo lo que acabamos de exponer se desprende que existe
una tradición espiritual e iniciática que se ha ido conservando y transmitiendo
a lo largo de los siglos, y esta no ha desaparecido nunca, y en la medida que
busquemos como caballeros con humildad y pureza de corazón, así hallaremos. El
signo de la búsqueda es siempre confuso e incierto, a veces nos parecemos a las
mujeres que se dirigieron de madrugada al sepulcro y no encontraron el cuerpo
de Jesús, y sí a dos hombres que se les aparecieron, con vestidos
resplandecientes, y les dijeron: "¿ Por qué buscáis entre los muertos al
que esta vivo ?" (Lucas 24,5).
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