lunes 5 de marzo de 2012

LAS SIETE VIRTUDES DEL CABALLERO













Humildad (Latín, Humilitas) contra el pecado de la soberbia.
Generosidad (Latín, Liberalitas) contra el pecado de avaricia.
Castidad (Latín, Castitas) contra el pecado de la lujuria.
Paciencia (Latín, Patientia) contra el pecado de la ira.
Templanza (Latín, Frenum) contra el pecado de la gula.
Caridad (Latín, Humanitas) contra el pecado de la envidia.
Diligencia (Latín, Industria) contra el pecado de pereza.




Las siete virtudes:



+La primera porque sin Fe el Caballero no puede saber ni entender las cosas invisibles.


+La segunda porque en la Esperanza está el Poder de Dios, no en la fuerza, ni en las armas del Caballero.


+La tercera porque sin la Caridad, que es el Amor, el Caballero será cruel y no tendrá piedad ni misericordia. Y ningún Caballero sin ella podrá soportar la carga que debe llevar un corazón noble.


+La cuarta porque sin Justicia un Caballero es injurioso y ofendedor, por lo que destruye a sí mismo.


+La quinta Porque sin Prudencia el Caballero caerá en los daños corporales y espirituales y no tendrá razón, ni entendimiento, ni voluntad para mantener el honor de la caballería.


+La sexta porque sin la Fortaleza el Caballero caerá en la Soberbia, la Ira, la Codicia, la Gula, la Envidia y la Lujuria, porque todas ellas le engendrarán flaquezas en el corazón y no le harán digno de ser amado. La fuerza corporal no es nada sin Humildad, ni Caridad y la Ira entumece el entendimiento, perturba el espíritu y echa de sí a la iluminación.


+ La séptima porque sin Templanza no tendrá medida en comer, beber, hablar, vestir y porque sin esta Virtud no se honra a la Caballería




La práctica de todas ellas conducirá al Conocimiento y a la Sabiduría porque proceden de Dios.

QUE DIOS TE BENDIGA




Imagina...

que un Ángel de Dios
está a tu lado
en estos momentos...

Silencio...

Quédate tranquilo y piensa
en todos los problemas
que te gustaría solucionar.

Todo lo que te angustia, te hace llorar,
te oprime, te preocupa, te deja triste.
Hasta tu miedo del futuro, de equivocarte,
de escoger el camino errado...

Piensa ahora en todo eso...

Abre tu corazón e imagínate entregando
todo eso a Dios.
Coloca tus manos en posición de entrega.
Imagínate entregándolo ahora,
como quien entrega un saco bien pesado
a otra persona para que lo lleve.

Ahora, imagina todo lo bueno que tu quieres que suceda,
o lo que ya haya acontecido en tu vida...

Momentos de felicidad, de amistad, de cariño, de paz, de amor.
Coloca todo en tus manos, imaginariamente,
y haz el gesto de guardarlo en tu corazón,
como se guarda una joya en una cajita.
Coloca aquel tesoro guardado muy dentro de ti y di:
"Gracias", con mucha fe... de corazón.

Agradece...

Por todo lo bueno que quedó y por todo lo malo que salió.
Cuenta hasta tres y respira bien profundo.

Ahora...

imagina que el Ángel voló y se llevó tus oraciones hasta Dios.

Y que DIOS te bendiga... Hoy...

y Siempre.

viernes 2 de marzo de 2012

ELOGIO A LA NUEVA MILICIA

Una nueva Caballería acaba de nacer entre nosotros, en la tierra en la que el verbo se hizo carne, en todos estos lugares benditos en que su  mano poderosa disperso a los príncipes de las tinieblas. La espada de estos bravos acabara por exterminar a estos últimos rezagos.
Estos Caballeros  han recuperado por segunda vez a la nación elegida y han restaurado la gloria  de David para nosotros. Nueva Caballería como hasta ahora no la ha conocido el mundo ya que esta destinada a un doble combate; contra la carne y la sangre y contra los espíritus de las tinieblas.
Me sorprende poco que un hombre comprometa las fuerzas de su cuerpo contra el enemigo corporal, como tampoco me sorprende  si emplea las fuerzas del alma contra el vició y las seducciones del demonio. El mundo esta lleno de monjes que libran este combate. Pero lo que mas admiro de estos héroes de inaudita audacia es que, en  su valor están ceñidos por una doble espada y una doble tahalí.
El Caballero que esta a la vez protegido en su alma por la coraza de la fe y en su cuerpo por la coraza  de hierro, no debe tener miedo alguno ya que, gracias a ambas armaduras puede defenderse de los hombres y de los demonios. Lejos de temer la muerte, la espera. Cristo es su vida. La muerte es una ganancia Que puede temer?
Su vida es confianza y abandono a Dios. No puede tener más que una preferencia: liberarse de los lazos de la carne y acabar en su unión a Cristo.Id pues, con firmeza, Caballeros y cargad con valor contra los enemigos de  Cristo, que ni la muerte ni la vida os separen de la caridad de Dios que es el mismo Cristo.
En medio de los peligros repetid: vivos o muertos pertenecemos al señor.
Alegraos de sobrevivir a vuestra victoria. Alegraos también si la muerte os une a Cristo. La vida es, en efecto, fecunda y la victoria gloriosa. Pero una santa muerte es mas grande, pues si son bienaventurados los que duermen en el señor, son mas felices aun quienes mueren por el.

Bernardo de Claraval

miércoles 29 de febrero de 2012

ORACION



"DIOS, MI SEÑOR, CONSIGUE CON MI ESPADA QUE AQUELLOS QUE TE BUSCAN TE ENCUENTREN. DAME FUERZA PARA LOS DESALENTADOS, DAME ESPERANZA PARA LOS OPRIMIDOS, DAME MISERICORDIA PARA LOS ARREPENTIDOS, DA TORMENTO PARA LOS PERVERSOS Y DA JUSTICIA A LOS EXCLUIDOS".

LA LEYENDA DEL DORADO





Balsa Muisca en el Museo del Oro en Bogotá

El oro como metal sagrado, receptor de la energía del sol, estrella que da vida y la fuente de fertilidad en la cosmogonía de las sociedades precolombinas encarnaba un profundo significado. Los objetos de oro no fueron considerados símbolos de riqueza material. Subrayaban el prestigio y servían como ofrendas religiosas.

Balsa Muisca

Esta maravillosa pieza, el mejor ejemplo de una figura votiva (ofrenda), mide 19,5 centímetros de largo por 10,1 de ancho y 10,2 de alto. La pieza ha sido elaborada en el período tardío de la cultura Muisca, entre los años 1200 y 1500 D.C.

La Balsa Muisca fue fundida en una sola pieza, mediante la técnica de la cera perdida en un molde de arcilla. El metal es oro de alta ley (más de 80%) con plata nativa y cobre en aleación.

En el centro de la pieza se encuentra un personaje de gran importancia y tamaño destacado que se interpreta como el cacique. La figura central está rodeada por otros doce personajes menores.


Algunos portan bastones, los del frente llevan dos máscaras de jaguar y maracas de chamán en sus manos y en los muy pequeños, que están al borde de la balsa, puede reconocerse a los remeros.

Descubrimiento de la Balsa Muisca

La Balsa Muisca fue hallada en una cueva, en el municipio de orfebres Pasca, al sur de Bogotá, en 1856 por tres campesinos, entre otros numerosos objetos de oro. Se encontraba dentro de un recipiente cerámico que tenía la forma de un chamán sentado en posición de pensar, con la mano en la barbilla.

Cuando en Pasca corrió el rumor del hallazgo, el cura del lugar, comprendió inmediatamente su importancia como patrimonio y emprendió su defensa de la exportación ilegal y de la fundición.

Balsa Muisca en el Museo del Oro en Bogotá

La Balsa Muisca fue adquirida por el Museo del Oro y desde entonces se encuentra expuesta en su sede de Bogotá.

La visita en el museo culmina con un acto ritual que traslada a los visitantes a los tiempos a los tiempos del legendario El Dorado.

La pieza más legendaria del museo nunca ha salido del país, ni siquiera en una de las casi 200 exposiciones temporales con las que el museo da a conocer el patrimonio colombiano ante los ojos maravillados del mundo.

Leyenda de El Dorado

La leyenda está relacionada con el nombramiento del nuevo cacique asociado con el señor de Guatavita (no obstante, la balsa no se encontró en Guatavita) y la famosa ceremonia de El Dorado. De acuerdo con los relatos de los cronistas, cuando moría el cacique Muisca, su sobrino era reconocido por su pueblo en una ceremonia que incluía la navegación en una balsa y la ofrenda de piezas de oro y esmeraldas que se arrojaban a la laguna.

En la balsa se sentaban también los principales jefes adornados con plumas, coronas, brazaletes, colgantes, pendientes de oro y cada uno llevaba su ofrenda. Antes de tomar posesión, el joven quedaba encerrado en una cueva. El día de la ceremonia, en la orilla de la laguna se colocaban cuatro braseros encendidos, en los cuales se quemaban: moque (incienso indígena), resinas y otros perfumes para que el humo que salía, ocultara la luz del día. Al mismo tiempo, los sacerdotes desvestían al cacique, le ungían con una masa pegajosa de tierra mezclada con oro en polvo. Más adelante, el cacique se subía a una balsa. A sus pies se colocaban numerosas cantidades de oro y esmeraldas.

Cuando la balsa dejaba la orilla, empezaba a sonar la música, con pitos, trompetas, flautas y cantos hasta que la balsa llegaba al centro del lago. Entonces se alzaba una bandera, en señal de silencio. El cacique se arrojaba al agua y tiraba a la laguna sus ofrendas. La balsa regresaba hacia la orilla y comenzaba la fiesta en honor al nuevo heredero reconocido como jefe y príncipe.

Más información: Página del Museo del Oro en Bogotá


EL DORADO





Aunque esta leyenda es de toda América del Sur, y se lo ha ubicado en diversos sitios, sin hallarlo; una de las versiones lo adjudica a los rituales celebrados por los indígenas en la laguna de Guatavita.

La gente acudía allí a dejar ofrendas y pedir favores. Las ofrendas en oro, esmeraldas y otras piedras semipreciosas, eran ofrecidas a las aguas, después de ir en balsa hasta el centro de la laguna, y allí realizaban ceremonias y arrojaban loas ofrendas.

Como hemos dicho, también el cacique Guatavita, que se bañaba en la laguna que lleva su nombre, desnudo y cubierto por resinas y polvo de oro; por lo que los españoles bautizaron a esa provincia como El Dorado.



Dice Vicente Restrepo, en su libro "Los chibchas antes de la conquista española", Bogotá, 1895:

De la laguna de Siecha se sacó una pieza de oro: su forma era la de una balsa circular, de nueve y medio centímetros de diámetro, sobre la cual estaban colocadas diez figuras humanas (Véase la figura 3). La principal, dos veces más alta que las demás, es un jefe guerrero de la clase de los guechas, pues lleva en las mejillas, cerca de los labios, cuatro canutillos de oro y dos más colgados al cuello; tiene en la mano izquierda una tiradera y dos dardos; las demás están en cuclillas, apoyados los codos en las rodillas: todas están desprovistas de arreos. Según la opinión del doctor Zerda "esta pieza representa la ceremonia del Dorado; es decir, al cacique de Guatabita rodeado de los sacerdotes indios sobre la balsa de juncos que los conducía al centro de la laguna en el día de la oblación."



En la Elegía a la muerte de D. Sebastián de Belalcázar, dice D. Juan de Castellanos:

...Belalcázar inquiría
Un indio forastero peregrino
Que en la ciudad de Quito residía,
Y de Bogotá dijo ser vecino,
Allí venido no sé por qué vía;
El cual habló con él, y certifica
Ser tierra de esmeraldas y oro rica.
Y entre las cosas que les encamina
Dijo de cierto rey, que sin vestido,
En balsas iba por una piscina
A hacer oblación según él vido,
Ungido todo bien de trementina,
Y encima cantidad de oro molido,
Desde los bajos pies hasta la frente,
Como rayo del sol resplandeciente.
Dijo más las venidas ser continas
Allí para hacer ofrecimientos
De joyas de oro y esmeraldas finas
Con otras piezas de sus ornamentos,
Y afirmando ser cosas fidedinas:
Los soldados alegres y contentos
Entonces le pusieron el Dorado....
Lo cual os vendo yo por cosa cierta."



Rodríguez Fresle fue amigo de D. Juan, cacique de Guatabita, sobrino y sucesor del que hallaron los conquistadores en el gobierno cuando entraron a la tierra de los Chibchas. Este se hallaba entonces retirado en unas cuevas, practicando el ayuno de seis años a que estaba obligado el futuro señor del cacicazgo. De boca de él supo Fresle cómo se practicaba por el nuevo cacique la ceremonia del Dorado, que describe en los términos siguientes:

Cumplido el ayuno se metía en posesión del cacicazgo, y la primera jornada que había de hacer era ir a la gran laguna de Guatabita a ofrecer y sacrificar al Demonio, que tenían por su dios y señor. La ceremonia que en esto había era que en aquella laguna se hacía una gran balsa de juncos, aderezábanla y adornábanla todo lo más vistoso que podían; metían en ella cuatro braseros encendidos, en que, desde luego; quemaban mucho moque y trementina con otros diversos perfumes. Estaba en este tiempo la laguna en redondo, con ser muy grande, toda coronada de infinidad de indios e indias, con mucha plumería, chagualas y coronas de oro con infinitos fuegos a la redonda, y luego que en la balsa comenzaba el sahumerio, lo encendían en tierra, en tal manera que el humo impedía la luz del día. A este tiempo desnudaban al heredero en carnes vivas, y lo untaban con una tierra pegajosa y lo espolvoreaban con oro en polvo molido, de modo que iba todo cubierto de este metal. Metíanle en la balsa en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la balsa cuatro caciques, los más principales, sujetos a él, muy aderezados de plumería, coronas de oro, brazales y chagualas, y orejeras de oro también desnudos, y cada cual llevaba su ofrecimiento. En partiendo la balsa de tierra comenzaban las cornetas, fotutos y otros instrumentos, y con esto una gran vocería que atronaba los montes y valles, y duraba hasta que la balsa llegaba al medio de la laguna, y los demás caciques que iban con él y le acompañaban hacían lo propio; lo cual acabado, abatían la bandera, que en todo el tiempo que gastaban en el ofrecimiento la tenían levantada, y partiendo la balsa a tierra comenzaba la grita, gaitas y fotutos con muy largos coros de bailes y danzas a su modo; con la cual ceremonia recibían al nuevo electo y quedaba reconocido por señor y príncipe."
(Vicente Restrepo, "Los chibchas antes de la conquista española", Bogotá, 1895)


viernes 24 de febrero de 2012

TEMPLARIOS



Víctor Manuel Guzmán Villena

Mucha tinta ha vertido sobre los enigmas templarios, los cuales se cuidaron de fomentar el misterio en torno suyo. Todos, en un mundo medieval en el que imperaba lo maravilloso y lo mágico, asumieron la evidencia de unos orígenes que incluso parecían basarse en lo sobrenatural del secreto numerológico. Tras la primera Cruzada, nueve caballeros franceses decidieron fundar una Orden, entre cuyas intenciones, y a diferencia de lo que sucedía con los cruzados, no estaba la de combatir sistemáticamente a los musulmanes. Tampoco asistían a pobres y a enfermos, como sucediera con los Caballeros de San Juan (más tarde, Caballeros de Malta) o con los Hospitalarios, creados en 1120, ni tampoco quedaban circunscritos a un ámbito territorial de actuación –tal es el caso más tardío de los Caballeros Teutónicos, fundados hacia 1198 en los territorios del Báltico– sino la de defender a los cristianos que peregrinaban a los Santos Lugares.

Hugues de Payns, quién fuera realmente el promotor inicial y su primer Gran Maestre, Geoffroy de Saint-Omer, Geoffroy Bisol, André de Montbard, Payen de Montdidier, Archambaud de Saint-Amand, Gondemar, Rossal y Hugues de Champagne se instalaron en Jerusalén y fundaron la Orden de los Caballeros del Temple en 1118. Balduino II, que reinaba entonces en la ciudad, les permitió establecer sus cuarteles generales en una sala de su palacio, situado cerca de la mezquita de Al-Aqsa, La Única, en la explanada del que fuera antiguo Templo de Salomón y del que, por dicha razón, tomarán el nombre de templarios… Ciento noventa y seis años de vida para una organización poderosa a la par que controvertida, veintidós Grandes Maestres hasta 1314, en que desaparecen.

De una orden insólita, medio religiosa y medio guerrera, que en pocos años se convirtieron en el colectivo más rico y poderoso de la iglesia y en espejo vivo de aquella guerra santa que Roma preconizaba para terminar de convertir al mundo a la fe cristiana.

La dualidad fue siempre una característica que definió al Temple, y que aparece reflejada gráficamente en el blanco y negro, lo puro y lo impuro, de su estandarte, el Beaucent (nombre que invocaban al entrar en combate) y en otro símbolos, como emblemas y escudos. La dualidad se hacía patente en su razón de ser (orden monástica y militar), su función (orar y guerrear) y su imagen (la “externa” de monjes soldados que luchan por liberar Palestina y la “interna”, de recaudadores y administradores de sus riquezas). La Orden ha quedado magníficamente simbolizada en los muros de sus construcciones. A esta organización muchos historiadores le atribuyen la paternidad más o menos probable de la Francmasonería.

El Temple fue una orden; es decir, un colectivo sujeto al cumplimiento de unas reglas propias y formado por un puñado de adeptos volcados a alcanzar unos fines que debían permanecer secretos más allá del estricto núcleo de sus dirigentes en Tierra Santa, donde siempre conservaron su sede central. Estos líderes, desde su fundación, establecieron el abanico de funciones y deberes de todos sus miembros, de manera que el cumplimiento estricto de la Regla condujera a alcanzar los objetivos de poder que configuran la existencia de la mayoría de estos grupos.

La regla del Temple gobernada la vida de sus monjes y todas las horas de su jornada. Se configuraba una disciplina en el cumplimiento del rito donde cifraba su conciencia de grupo y se fomentaba el convencimiento de ser sólo una célula cuya vida no tenía más importancia en sí misma que la de colaborar al progreso de la unidad superior de la que formaba parte.

La devoción de cada templario era la de los santos protectores de la orden; su régimen de comidas el que seguían todos sus hermanos en los conventos; sus ropas, las que correspondían al grado de autoridad concedido: comendador, caballero, sargento; sus oraciones, las de todos los demás miembros, sin un espacio para expresar devociones individuales; su fidelidad total a sus superiores que, por naturaleza, eran a la vez mentores espirituales y jerarquía militar. Y todos estos preceptos tenían que obedecerse, no sólo cumpliendo a rajatabla, sino mostrando ante todos, como una representación ofrecida al mundo exterior de que el temple era un solo cuerpo monolítico sin individualidades.

Símbolos y secretos templarios

Los templarios fueron grandes maestros en el arte de la criptografía, un alfabeto secreto que se supone utilizaban en sus transacciones mercantiles y documentos confidenciales. Las letras del alfabeto constaban de ángulos y puntas y podían ser leídos mediante un medallón que portaban algunos caballeros. Posteriormente, los gremios de constructores utilizaron un sistema parecido. También practicaron la alquimia y habían descubierto la piedra filosofal. En numerosos detalles arquitectónicos se encuentran símbolos que indican prácticas alquímicas. En este sentido la regla secreta de la Orden a los templarios les tenían prohibido trabajar ciertas materias por la ciencia filosofal y éstas no serían emprendidas más que en lugares ocultos y secretos.

El Bahomet, que se utilizó como argumento para la condena de los templarios, pero nadie sabe a ciencia cierta lo que significó, ni su origen ni su función ritual. Se dice de una cabeza o busto que tendría la forma andrógino, y al que veneraban los hermanos de la Orden. Posiblemente el símbolo hacía referencia al hermetismo alquímico y representaría la unión del azufre y el mercurio filosofal, considerados como los elementos macho y hembra en la consecución de la gran obra. Para los templarios modernos se trataría de un objeto para favorecer a la meditación, una especie de mándala cósmico.

La tradición esotérica enseña que el número está en el principio del Ser sobre el triple plan divino, natural y humano. El tres, el símbolo del misterio o la Trinidad, era el número templario, y el triángulo la figura geométrica base de sus construcciones. El tres o el nueve están presentes en sus rituales de iniciación y en sus actuaciones cotidianas. Los números simbólicos se encuentran grabados en todas las construcciones templarias. Por ejemplo en la iglesia del Templo de París, la casa central de la orden. La rotonda básica de las construcciones se generaba por dos triángulos equiláteros de sentidos opuestos que forman una estrella de seis puntas que se relaciona con el sello de Salomón y que hoy es la estrella del Estado de Israel.

La tradición nos ha rescatado de la Orden del Temple grandes tesoros, conocimientos ocultos y otros misterios. Signos y símbolos tallados en la piedra de las numerosas construcciones diseminadas por nuestra geografía que nos hablan de los grandes enigmas del cristianismo. El Arca de la Alianza, el Grial, riquezas traídas de Jerusalén y numerosas reliquias supuestamente pertenecientes a Jesucristo y a cuantos le rodearon. Pero la realidad posiblemente sea otra. Tal vez fueran los mismos caballeros los que alimentaran su propia leyenda para conseguir el poder que llegaron a ostentar. Dos siglos de primacía y un cruento final, en algunos casos.


lunes 20 de febrero de 2012

MUSICA DE LAS ESFERAS





La atmósfera del Sol emite ondas sonoras 300 veces más graves que los tonos que pueda captar el oído humano

Un satélite de la Nasa ha confirmado la ancestral tradición de la música de las esferas, según la cual los cuerpos celestes emiten sonidos armónicos. Aunque la música de las esferas ha derivado primero en la noción de armonía universal y después en simetría, ahora se ha descubierto que la atmósfera del Sol emite realmente sonidos ultrasónicos y que interpreta una partitura formada por ondas que son aproximadamente 300 veces más graves que los tonos que pueda captar el oído humano.

Por Eduardo Martínez.

La música de las esferas ha apasionado desde siempre a los estudiosos del Universo. Para los pitagóricos, los tonos emitidos por los planetas dependían de las proporciones aritméticas de sus órbitas alrededor de la Tierra, de la misma forma que la longitud de las cuerdas de una lira determina sus tonos. Las esferas más cercanas producen tonos graves, que se agudizan a medida que la distancia aumenta.

Lo más hermoso era que, según ellos, los sonidos que producía cada esfera se combinaban con los sonidos de las demás esferas, produciendo una sincronía sonora especial: la llamada “música de las esferas”.

Para los pitagóricos, por tanto, el Universo manifiesta proporciones “justas”, establecidas por ritmos y números, que originan un canto armónico. El cosmos, a sus ojos, es por tanto un sistema en el que se integran las siete notas musicales con los siete cuerpos celestes conocidos entonces (el Sol, la Luna y los cinco planetas visibles). A estos planetas se añadían tres esferas suplementarias que alcanzaban el 10, el número perfecto.

La misma armonía celestial fue descrita por Platón cuando, en Epinomis, declaró que los astros ejecutan la mejor de todas las canciones. Cicerón también se refirió en el canto de Escipión a ese sonido tan intenso como agradable que llenaba los oídos de su héroe y que se originaba en las órbitas celestes, reguladas por intervalos desiguales que originaban diferentes sonidos armónicos.

La gran música del mundo

La tradición que consideraba al Universo como un gran instrumento musical se prolonga durante la Edad Media y hasta el siglo XVII, en el que tanto Kircher (que hablaba de “la gran música del mundo”) como Fludd (que concebía un Universo monocorde en el que los diez registros melódicos evocados por los pitagóricos traducían la armonía de la creación), dejaron constancia de su vigencia.

Sin embargo, fue el astrónomo Kepler quien estableció que un astro emite un sonido que es más agudo tanto en cuanto su movimiento es más rápido, por lo que existen intervalos musicales bien definidos que están asociados a los diferentes planetas. Kepler postuló, en su obra Harmonices Mundi, que las velocidades angulares de cada planeta producían sonidos.

De hecho, Kepler llegó a componer seis melodías que se correspondían con los seis planetas del sistema solar conocidos hasta entonces. Al combinarse, estas melodías podían producir cuatro acordes distintos, siendo uno de ellos el acorde producido al inicio del universo, y otro de ellos el que sonaría a su término.

Newton, mecanicismo y armonía

Casi un siglo después, Newton engloba dos visiones del mundo que parecían antagónicas: el mundo mecanicista (el gran reloj universal) y el orden superior que rige al Universo. Su visión mecanicista, que permitió la predicción de apariciones de cometas e incluso el descubrimiento de Neptuno mediante operaciones de cálculo, reforzó la idea de que el Universo manifiesta una gran armonía.

De esta forma, desde los pitagóricos a la física moderna, todas las propuestas teóricas que han pretendido explicar el mundo han utilizado la misma noción de armonía evocada por Newton.

Después de Newton, la armonía será invocada por los físicos para describir y comprender el mundo, aunque de forma diferente. Einstein, por ejemplo, descubrió la Relatividad porque estaba convencido de la armonía del Universo.

El nuevo lenguaje de la física y la astrofísica habla de espectros, frecuencias, resonancias, vibraciones y de análisis armónico, según el cual una señal variable en el tiempo puede describirse mediante una composición de funciones trigonométricas.

Armonía geométrica

Por lo general, esta armonía universal es descrita más de forma matemática y geométrica que musical: a finales del XIX, los físicos descubren que los rayos de emisión que se producen de una des-excitación del átomo se expresan mediante una fórmula única compuesta de números enteros, similares a los intervalos musicales.

En la actualidad, la armonía espectral se explica a través de la mecánica cuántica, ya que los niveles de energía de los electrones de un átomo, que son discontinuos, se pueden expresar también mediante números enteros.

Esta armonía oculta ha adoptado así un nuevo nombre, la simetría, ya que la física actual emplea las simetrías geométricas para describir, unificar y clasificar a las partículas elementales y sus interacciones, así como para explicar los diferentes modelos teóricos del Universo.

Por ejemplo, una de las más recientes teorías físicas describe a las partículas elementales no como corpúsculos, sino como vibraciones de minúsculas cuerdas, consideradas entidades geométricas de una dimensión. Sus vibraciones se fundan en simetrías matemáticas particulares que representan una prolongación de la visión pitagórica del mundo y la recuperación, en la más moderna visión del mundo, de la antigua creencia en la música de las esferas.

De Kepler a TRACE

En este contexto de búsqueda de la armonía, un satélite enviado al espacio, en abril de 1998 por la NASA, el Transition Region and Coronal Explorer (TRACE), ha encontrado las primeras evidencias de música originada en un cuerpo celeste, tal como habían imaginado los pitagóricos primero y Kepler más tarde.

El TRACE tiene como objetivo estudiar la turbulenta atmósfera superior del Sol o corona solar, en la que se desencadenan tormentas y protuberancias. Está equipado con un telescopio especial dirigido hacia la llamada “región de transición”, que se encuentra entre la superficie relativamente fría del sol, la baja atmósfera donde las temperaturas son más altas, y la alta atmósfera o corona, mucho más caliente.

El TRACE posee una resolución temporal diez veces superior y una resolución espacial 5 veces mayor que la de cualquier otro observatorio solar. Gracias a sus características, los astrónomos han podido descubrir la enorme complejidad de la corona solar y obtener imágenes de vídeo del Sol en lugar de imágenes estáticas (lo que aporta una dimensión temporal al estudio de la evolución a corto plazo de las estrellas).

Sonidos inesperados

Ha sido con la ayuda de esta nueva herramienta cosmológica que los científicos del Southwest Research Institute (SwRI) en San Antonio (Tejas), han descubierto que la atmósfera del Sol realmente “suena”, tal como habían anticipado los pitagóricos y la tradición científica posterior, debido a que está llena de ultrasonidos en forma de ondas, tal como explica en un comunicado el propio Instituto.

Según este descubrimiento, la tradicional música de las esferas consiste en realidad en un “ultrasonido solar” que interpreta una partitura formada, según el satélite de la NASA, por ondas 300 veces más profundas que el sonido de la más profundas vibraciones audibles por el oído humano, con una frecuencia de 100 mili Hertz en periodos de 10 segundos. Un hertz es la frecuencia de un fenómeno periódico cuyo periodo es 1 segundo. El ser humano no puede escuchar sonidos de frecuencia menor a 16 Hz (sonidos infrasónicos), ni mayor de 20 kHz (sonidos ultrasónicos o supersónicos).

Según sus descubridores, en diez segundos estas ondas se convierten en ultrasónicas debido a que los átomos individuales experimentan en el Sol sólo unas pocas colisiones durante el paso breve de cada onda, al igual que ocurre con el ultrasonido aquí, en la tierra.

Las ondas ultrasónicas se producen o bien por el choque repentino de flujos electromagnéticamente inducidos en la superficie solar, o bien por el choque de determinadas ondas de baja frecuencia sonora, cuando éstas se levantan como las olas del mar desde la superficie del sol.

Ambas razones podrían explicar, además del sonido de la música de las esferas, otro viejo misterio de nuestro Sol: la fuente de calor extra con la que cuenta esta estrella en su superficie.

Explicación para las diversas temperaturas solares

A una temperatura superior a los 100.000 ºC, la cromoesfera, situada entre el núcleo del sol y el arco solar, está aproximadamente 20 veces más caliente que la superficie del Sol (que tiene una temperatura de 6.000 ºC).

La corona solar (que rodea al sol), está todavía más caliente: 200 veces más que su superficie. Aunque los científicos habían intentado buscar las razones para esta diferencia durante 50 años, no habían dado con ellas.

Las ondas de sonido son detectadas desde lejos como pequeñas fluctuaciones en la luminosidad de las emisiones solares ultravioletas. El ultrasonido solar está en el límite de lo que puede detectar TRACE, y es tan débil que las ondas individuales no se registran. El satélite TRACE es un telescopio ultravioleta que gira en órbita alrededor de la Tierra.

Aunque el descubrimiento del TRACE ayudará a resolver un misterio establecido por décadas acerca del Sol y del clima espacial, al mismo tiempo constituye una nueva e inestimable contribución a la teoría de la música de las esferas.


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